
La guerra que estalló esta semana en Sierra Nevada ha entrado esta vez en los hogares, Rompió puertas, hizo agujeros en paredes y cabañas de madera e hizo llorar a los niños.obligó a las mujeres embarazadas a huir y dejó a toda una comunidad indígena atrapada en una pesadilla de la que todavía no pueden escapar.
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Esto fue lo que vivieron durante varios días los indígenas Arhuaco de la comunidad del Resguardo Serrankwua donde enfrentamientos entre los conquistadores de las Autodefensas de Sierra Nevada y el clan del Golfo Convirtieron el territorio en un campo de batalla.
El balance es alarmante: tres nativos murieron y una docena resultaron heridos –entre ellos niños y mujeres–, casas destruidas por las balas y varios miembros de la comunidad que huyeron presas del pánico, cuyo paradero aún es incierto.
El alcance de lo ocurrido quedó resumido en palabras de uno de sus dirigentes. “La guerra entró en los hogares sin piedad”– dijo Rosa Margarita Villafañe, reconstruyendo los tiempos en que la vida cotidiana de la reserva era devastada por el estruendo de los disparos y las explosiones.
Su testimonio habla no sólo de la pelea. Cuenta la historia de una comunidad cívica e indígena que se encuentra atrapada e indefensa en medio de una crisis. Disputa armada por control territorial y rutas de narcotráfico. en uno de los lugares más sagrados del país.
Una tarde cualquiera que termina en el infierno
Cuando comenzó el tiroteo, la comunidad se encontraba realizando sus actividades rutinarias. Las mujeres tejían, como lo hacen todos los días, sentadas al lado de sus casas. Los hombres compartían poporo, masticaban hojas de coca y conversaban al ritmo pausado de la vida en la Sierra.
La disputa se refiere al control territorial de la Sierra. Foto:archivo privado
Los niños deambulaban entre las cabañas, sin darse cuenta de lo que les esperaba. No había indicios de que en unos minutos el paisaje montañoso se convertiría en… escena de guerra.
Según los relatos de los líderes indígenas, Hombres armados irrumpieron repentinamente en la comunidad.. Algunos corrían de casa en casa, buscando protección del fuego enemigo; otros entraron por la fuerza en las chozas y las utilizaron como trincheras. Los Arhuacos, que estaban desarmados y en muchos casos ni siquiera entendían lo que les gritaban porque no hablaban español, Quedaron en medio de un enfrentamiento que no era asunto suyo.
“Entraron a las casas y se escondieron detrás de la gente para evitar ser golpeados por el segundo grupo”, dijo Villafañe. “Los niños lloraban, las madres estaban angustiadas.Todos se tiraron al suelo y les dijeron en su idioma que se fueran, que los dejaran en paz, pero nada cambió. “Todo estaba empeorando”.
Escudos humanos en el corazón del mundo
La escena se repitió durante horas y luego durante días. Una ráfaga de disparos atravesó casas, atravesó paredes, levantó astillas y abrió agujeros en los tejados. Se podían escuchar incesantemente disparos y explosiones en toda la reserva, día y noche. Muchos miembros de la comunidad huyeron donde pudieron, pero ni siquiera en sus propios hogares estaban seguros.
Un total de 12 arhuacos heridos fueron trasladados a Santa Marta para recibir tratamiento. Foto:Gobernación de Magdalena
Particularmente grave es el testimonio recogido por las autoridades indígenas: Hombres armados de diversos grupos utilizaron a indígenas como escudos humanoss, ocupando sus casas para disparar desde allí y obligando a los habitantes a permanecer en medio de la línea de fuego. Para una comunidad que se considera guardiana espiritual de Sierra Nevada, también se ha producido una invasión a sus hogares dimensión de profanación y humillación.
Villafañe relata que el horror no se limitó al tiroteo. Cuando los hombres armados quisieron saber dónde se había ido un grupo rival o quién pasaba por la zona, interrogaron a los hermanos mayores. Al no recibir respuestas, porque muchos no entendían las preguntas o simplemente no sabían nada, llegaron los golpes. “Los golpearon con la culata de un rifle y los dejaron tirados allí”.dijo el líder. “Nos trataron mal porque no respondimos a algo que no sabíamos”.
El miedo también vino del cielo
Al terror se suma un elemento que las comunidades dicen no haber experimentado antes en la zona: explosivos disparados desde drones. En medio de la montaña, donde domina desde hace años el sonido del viento y de los pájaros, Comenzaron a escucharse detonaciones cayendo desde el aire.
Los indígenas vinieron con los traumas y consecuencias de la intensa guerra que tuvieron que afrontar. Foto:Gobernación de Magdalena
La reserva, acostumbrada a la profundidad espiritual de su territorio, quedó impactada una forma de guerra que hasta ahora les parecía lejana.
Varias personas resultaron heridas no sólo por disparos, sino también por elementos lanzados desde viviendas destruidas y una onda explosiva de detonación. Entre las víctimas se encontraban mujeres embarazadas que sintieron contracciones en medio de la pelea. Según la gobernadora Margarita Guerra, quien los recibió en sus brazos, los niños llegaron llorando, aún en shock.
“Verlos así me hizo sentir muy impotente. No es justo que ni ellos ni ninguna otra persona pasen por una situación similar.“Dijo el presidente. Como resultado de la tragedia, tres personas murieron en la comunidad. Los alrededores también murieron. Doce resultaron heridos, algunos de bala, otros por escombros y otros aturdidos por las explosiones.
Sin embargo, queda abierto un capítulo adicional de tormento: varios indígenas huyeron en medio del terror, internándose en zonas montañosas para evitar los disparos, y La organización nativa aún no está del todo segura de su ubicación. Algunos todavía son buscados por sus familiares y líderes tradicionales.
Helicópteros, evacuación y una herida que no sana
Sólo cuando la intensidad de los combates permitió una ventana mínima de entrada, Helicópteros militares llegaron a la reserva para evacuar a los heridos hacia Santa Marta. El lugar de partida también fue una tragedia humanitaria: niños llorando, madres paralizadas, miembros de la comunidad heridos y una comunidad exhausta después de varios días sin saber si sobreviviría.
Esta semana se llevaron a cabo varias jornadas de operaciones de rescate. Foto:comunidad indígena arhuaco
La voivoda los esperaba en la capital del Magdalena, mientras entidades como la Procuraduría de los Derechos Humanos y el ICBF se trasladaban a verificar la situación y atender los asuntos más urgentes.
Pero las heridas visibles son sólo una parte de lo que dejó la guerra. La segunda parte trata del trauma de los niños que escucharon disparos en su casa.en las mujeres que huyeron con sus hijos sin un rumbo claro, y en los miembros de la comunidad que hoy temen que todo vuelva a suceder.
Luisa Enrique Salcedo, Gobernador del Cabildo Arhuaco en Magdalena y La GuajiraHizo un llamado urgente al gobierno nacional para que garantice que lo sucedido no se reduzca a una respuesta temporal. “Pedimos garantías y protección para el corazón del mundo. Esto nunca se puede repetir– expresó.
Su reclamo es también una advertencia: Sierra Nevada, uno de los territorios espirituales más importantes del país, está siendo entregada. arrastrado por una guerra criminal que no reconoce ni la vida cívica ni la autoridad de los antepasados.
Una comunidad que pide el fin de la guerra
Hoy, el Ejército mantiene presencia en la zona con pelotones que intentan garantizar la seguridad, pero la sensación de paz sigue siendo frágil. Es posible que continúen los enfrentamientos en Sierra Nevada mientras estos grupos armados continúan disputando el control del territorio. intermediarios y los negocios ilegales que los alimentan.
Conflicto en Sierra Nevada Foto:archivo privado
En Seranwa y otras comunidades de la Sierra quedan huellas concretas del horror: agujeros en las casas, familias destrozadas, muertos enterrados por su gente y un miedo que se instaló en el pecho de quienes siempre habían visto la Sierra como un refugio y no como la ec.
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Lo que hoy pide el gobernador Arhuaco no es retórico. es elemental. Que pare la guerra. Que respeten su territorio. Que los niños nunca más escuchen armas de fuego. Que el corazón del mundo ya no lata bajo el fuego.
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Autor: Roger Urieles para EL TIEMPO Santa Marta. @rogeruv