




La nueva etapa de la campaña presidencial que se inició tras el 8 de marzo ha generado todo tipo de interpretaciones. Para algunos, estamos viendo un cambio político tan profundo que hasta ha dado para construir una exitosa consulta entre una nueva generación de uribistas y santistas, incluso para tener una candidatura del Centro Democrático conformada por una mujer y un gay. Para otros, esa candidatura está pegada con babas, no hay ningún relevo generacional, y la polarización que ha regido la política nacional en este siglo terminará saliendo a flote en la segunda vuelta de las elecciones.
¿Estamos ante un momento político inédito o ante la misma realidad de los últimos veinte años, apenas maquillada con fines electorales? Para responder esa pregunta conviene hablar con alguien que haya vivido la política nacional en varias dimensiones: la del candidato que ha peleado por cada voto, la de quien ha ocupado múltiples posiciones en el Estado colombiano y la de quien tiene la agudeza intelectual para interpretar una coyuntura política compleja como la presente.
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En esta conversación, Humberto de la Calle analiza el momento político actual, les da uno que otro consejo a Paloma Valencia y a Juan Daniel Oviedo, manifiesta su extrañeza por el tipo de campaña que adelanta Iván Cepeda y propone pasar la página del Acuerdo de Paz de La Habana.
¿Estamos ante un momento inédito en la política colombiana, con la Gran Consulta y la coalición de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, o al final todo esto se diluirá como cualquier otra coyuntura pasajera?
Sin lugar a dudas la Gran Consulta mostró un músculo político importante y cambió el panorama electoral. Antes se suponía que estábamos frente a un binomio y que lo demás había desaparecido. Hoy, en cambio, hay tres nombres en el foco, y eso es producto de la potencia que tuvo el hecho de que nueve personas de diversas vertientes se unieran y se sometieran a una consulta que fue exitosa.
Primer debate presidencial de 2026 con la Gran Consulta por Colombia Foto:Milton Diaz /
Usted aplaude esa consulta, pero también ha expresado reparos frente a la coalición que surgió después. ¿Qué le preocupa?
Una cosa es la frescura del mensaje y otra la solidez de la construcción política. Me parece interesante ver a personas diciendo que se puede gobernar entre quienes no están de acuerdo, pero esa coalición arrancó súbitamente y de una manera relativamente improvisada. Los términos de la coalición se debieron haber planteado antes de ir a las urnas, para que el elector supiera por qué estaba votando, pero solo cuando Oviedo sacó una votación importante se hizo una negociación a las carreras.
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¿Y desde el punto de vista institucional qué riesgos ve?
El mejor territorio para hacer una coalición política es el gabinete ministerial o el Congreso, no la Vicepresidencia de la República. Aquí estamos hablando de la cúspide del Poder Ejecutivo, en un régimen presidencialista como el colombiano. Crear allí una coalición de contrarios, después de una discusión pública en la que se enfatizó todo aquello en lo que no están de acuerdo, puede generar muchas turbulencias.
¿Esas discrepancias pueden pasar a un segundo plano si la fórmula crece en popularidad?
Pueden hacerlo si ocurren dos cosas: una, que siga creciendo la favorabilidad alrededor de esa coalición; y dos, que Paloma Valencia logre hacer equilibrismo entre Oviedo y el Centro Democrático. Ella está en el filo de la navaja, porque por un lado tiene que mostrarse firme en su uribismo, pero al mismo tiempo necesita hacer gestos de simpatía hacia otras fuerzas, particularmente hacia el centro.
Álvaro Uribe, Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. Foto:Milton Díaz EL TIEMPO.
¿Eso significa que, si supera la primera vuelta, puede cambiar sustancialmente el tono?
Si Paloma supera a Abelardo, puede entrar en una dinámica completamente distinta: ya no sería simplemente sobrevivir en la competencia interna de su sector, sino lanzarse a ganar la Presidencia. Sería una segunda campaña, con un mensaje hacia el centro más explícito y más consistente.
Paloma está en el filo de la navaja, porque por un lado tiene que mostrarse firme en su uribismo, pero al mismo tiempo necesita hacer gestos de simpatía hacia otras fuerzas, particularmente hacia el centro
Pero faltan más de dos meses para la primera vuelta. ¿No es un tiempo demasiado largo para sostener ese equilibrio entre la derecha y el centro sin caerse?
Dos meses en política son una eternidad. Las cosas cambian con enorme rapidez y la campaña apenas está empezando. Mi primera recomendación para Paloma y Oviedo sería hacer más énfasis en aquello en lo que están de acuerdo que en sus diferencias, que fue lo que hicieron en los primeros días. Y, en segundo lugar, esta turbulencia puede ser breve. Mi experiencia me dice que la campaña se va concentrando cada vez más en la figura del candidato presidencial y menos en la Vicepresidencia, y ahí las diferencias se pueden diluir.
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Pero en el caso de Juan Daniel Oviedo hay algo particular: su electorado es muy diverso y nutrido. ¿No vuelve eso más importante su papel?
Es cierto que su votación es muy variada, y que su éxito es grande y merecido, pero tampoco conviene suponer que esas oleadas se mantienen intactas. Si nos atenemos a la experiencia, lo de las vicepresidencias se va diluyendo en el campo puramente electoral.
Foto:John Jairo Pérez. EL TIEMPO
¿Qué consejo le daría entonces a Oviedo?
Que se sienta satisfecho, porque hizo una gran elección, pero que entienda que esos fenómenos pueden disiparse rápidamente. El trabajo político es lo que les da consistencia. Los llaneros solitarios no funcionan. Incluso yo tuve éxitos de opinión y electorales, pero sin una base firme. Eso enseña que la simpatía, por sí sola, no basta.
Si Paloma y Oviedo se concentran mucho en defenderse por la derecha de Abelardo, ¿eso puede abrirle espacio a Sergio Fajardo?
Yo no me atrevo a decir que el espacio de Fajardo esté perdido por completo, pero sí lo veo en una situación compleja. Él cree que puede haber cansancio frente a los extremos y que allí hay una oportunidad. Eso no es imposible, pero me parece que tiene pocas posibilidades.
Sergio Fajardo le sigue apostando por ser una tercería en las presidenciales. Foto:CORTESÍA
¿Y cómo está viendo al candidato del petrismo?
Ahí veo algo distinto y muy raro. Iván Cepeda está haciendo la campaña más extraña del mundo. El candidato casi no habla y no ha hecho gestos de acoger al centro. Claro que tiene una ventaja: su jefe de campaña es el propio Gustavo Petro, quien corta el viento como los gregarios en el ciclismo para que el líder de la carrera vaya pedaleando tranquilo. Hay una asimetría clara: Paloma tiene que oscilar entre mantenerse a la derecha y enviar señales al centro, mientras Cepeda sigue en un continuismo puro y duro del gobierno Petro.
Claro que Cepeda tiene una ventaja: su jefe de campaña es el propio Gustavo Petro, quien corta el viento como los gregarios en el ciclismo para que el líder de la carrera vaya pedaleando tranquilo
Hablando del rol de los caudillos en estas elecciones, me sorprendió mucho un video del expresidente Uribe diciendo: “No cometan el error de atacar a Paloma por mis errores”. ¿Cómo interpreta esa frase?
Es difícil saber si es un acto de contrición sincero o una pieza de estrategia política, pero en todo caso hay allí un gesto de protección hacia Paloma. Esa frase coincide con otra que me parece más importante, cuando Uribe dice que el mundo ha cambiado. Creo que ahí está dando una muestra de gran perspicacia política. El gobierno Petro, con todos sus desaciertos, deja una realidad política distinta. La izquierda organizada logró instalarse como una fuerza predominante en el Congreso y, sobre todo, la narrativa de Petro entró en el disco duro de una parte amplia de los colombianos. Eso significa que el país ya no es el mismo.
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¿Entonces incluso el uribismo más ortodoxo debería reconocer que su estrategia debe cambiar?
Exactamente. Aun el más uribista de los uribistas tiene que entender que la fórmula de Uribe de hace dos décadas no es hoy viable sin cambios sustanciales. Si él mismo ha entendido que el país cambió, eso debería traducirse en una política distinta, menos anclada en las antiguas certezas.
¿Ese cambio del país puede ser suficiente como para pasar la página de la gran grieta que se abrió alrededor del acuerdo de paz con las extintas Farc, que usted lideró?
Yo creo que sí. Esa pelea surgió alrededor de una firma que ocurrió hace ya diez años. El escenario político hoy es completamente distinto. Incluso en materia de paz y conflicto, el país es otro. El telón de fondo de la negociación de La Habana fue la confrontación de dos proyectos nacionales y eso ya desapareció. Hoy lo que tenemos es una multiplicación de conflictos localizados, casi todos en manos de criminales que buscan control territorial y control sobre la población. Ahí está el problema más grave.
Firma del Acuerdo de Paz con las Farc, gestado por el expresidente Juan Manuel Santos. Foto:CARLOS ORTEGA
¿Por qué insiste tanto en que el país debe dejar atrás esa discusión?
Porque volver una y otra vez sobre lo de hace diez años no ayuda a resolver lo de hoy. Actualmente existe, en muchas zonas, una especie de autoridad de facto sobre las poblaciones y sobre todo en las fronteras. Eso plantea un problema gravísimo de soberanía. Entonces, ¿para qué seguir trasladándonos al escenario de hace una década como si ese fuera todavía el centro de la vida nacional? Hay que dar un paso adelante.
¿Y cómo hacerlo, especialmente cuando ese tema sigue siendo sensible entre figuras como Paloma Valencia y otros sectores?
Yo trabajé tres años con Paloma Valencia en la Comisión Primera del Senado y tengo que reconocer que es una persona competente, reflexiva y con quien se puede hablar. Tuvimos discrepancias enormes, pero también hubo temas en los que fue posible construir.
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¿Eso permitiría encontrar una fórmula para desideologizar la discusión sobre el acuerdo?
La fórmula es sencilla: lo acordado en La Habana quedó incorporado a la Constitución. Quien llegue a la Presidencia tiene que jurar cumplir la Constitución. Si le quitamos el bombo ideológico a ese debate, podemos concentrarnos en lo que del acuerdo sigue siendo útil para Colombia. Hay que completar la reforma rural integral, fortalecer los planes de desarrollo con enfoque territorial y corregir un sistema en el que la plata va donde hay votos y no donde hay mayores necesidades. Si nos salimos del mundo de las pasiones que se desataron hace diez años y miramos el país de hoy, deberían aparecer caminos de entendimiento. No hablo de borrar las diferencias, sino de bajarles el tono para poder trabajar sobre lo concreto.
Le propongo una frase: una de las grietas más importantes de la política colombiana se abrió alrededor del acuerdo de paz, pero en estos diez años cambiaron la naturaleza de la violencia y el entorno político; por eso conviene pasar la página. ¿Está de acuerdo?
Estoy absolutamente de acuerdo. En 2016 se firmó con un grupo guerrillero, no con todos. Al acuerdo no se le puede cargar toda la violencia que vino después. Nosotros no negociamos con el Eln ni con el ‘clan del Golfo’. Lo que se logró fue exitoso en un punto crucial: la dejación de armas de las Farc y su incorporación a la vida civil. La conflictividad posterior es otra. Son bandas criminales, grupos que se enfrentan entre sí, una situación totalmente distinta.
Al acuerdo no se le puede cargar toda la violencia que vino después. Nosotros no negociamos con el Eln ni con el ‘clan del Golfo’. Lo que se logró fue exitoso en un punto crucial: la dejación de armas de las Farc y su incorporación a la vida civil
¿Y cómo encaja allí la política de ‘paz total’ del presidente Petro?
La paz total es un fracaso. Esto tiene que rehacerlo desde el principio cualquiera que gane las elecciones presidenciales, incluido el doctor Cepeda, si llegara a ser él. Esta situación es insostenible y repito que está afectando la soberanía territorial de Colombia y el control de las poblaciones.
Iván Cepeda, candidato presidencial. Foto:Gabriel Becerra
Le voy a hacer la prueba del ascensor, ese lugar que es aparentemente inofensivo, pero donde nadie le puede hacer el quite a una pregunta difícil. Si uno se lo encontrara a usted en un ascensor y le preguntara quién va a ganar esta elección, ¿qué respondería?
Respondería que no lo sé y que hoy es imposible saberlo. Lo que sí sé es que pasamos de dos opciones a tres, y eso ya cambió todo el panorama. La Gran Consulta mostró una potencialidad importante, incluso hacia el futuro. Habrá que esperar para saber si ese cambio se consolida o si estamos apenas ante una espuma pasajera.
MAURICIO REINA
Especial para EL TIEMPO