
Los vicepresidentes están de moda. O aportan votos, o perfilan políticamente al candidato presidencial. El abogado, periodista e historiador Óscar Alarcón Núñez dedica su libro ‘Los segundos de a bordo’ a hacer un interesante recorrido de la historia y la historieta de la vicepresidencia y la designatura en Colombia.
Un libro agradable e interesante, Oscar. Repasa cómo pasamos en Colombia de la figura de la vicepresidencia a la de la designatura, y de regreso a la vice presidencia, con un delicioso anecdotario. ¿Qué modalidad ha producído más conspiradores?
Ambas. Ha habido designados conspiradores, y vicepresidentes conspiradores. En cambio, eso funciona divinamente en los Estados Unidos, donde hay otro sistema. Y mientras aquí matan candidatos, allá matan presidentes.
Sí, varios candidatos que muy seguramente habrían sido presidentes……
Así es. Y eso de la conspiración se da aquí, tanto entre designados como entre vicepresidentes, ha sido una costumbre, y es el repaso que hago en mi libro.
¿En su concepto, históricamente existe una razón seria para haber cambiado la figura y que tengamos ahora otra vez la vicepresidencia desde la Constitución del 91?
No, no creo que esa razón exista. Inclusive, hace unos 20 años, yo era de la idea de que debía re-establecerse la figura de la vicepresidencia. Pero, por la experiencia después de la Constitución del 91, me doy cuenta de que no funciona tan bien. Llegué a pensar que era la fórmula para nuestros males democráticos.
¿Y por qué piensa que ha funcionado tan mal?
Porque la Constitución del 91 acabó con el bipartidismo en Colombia, y al acabar con el bipartidismo, se crearon una serie de grupitos, que no son partidos, ni nada; son ahí, grupitos, de tal líder regional, o de tal espontáneo, y entonces con eso así no puede funcionar la vicepresidencia. Creo que lo mejor sería retornar a la designatura.
Bueno, pero estamos en la vicepresidencia por ahora. Y sobre esa figura hay además un dato que merece la pena que analicemos. Es que el papel de los vicepresidentes es suceder al presidente en caso de falla absoluta o relativa. Manejar el país. Asumir la presidencia, temporal o definitivamente. Pero los vicepresidentes no se eligen necesariamente en función de un concepto de excelencia, sino para chulear unas casillas: de género, geográficas, étnicas…. Y si ha habido consulta previa, pues se impone cuál ha sacado más votos. Y curiosamente lo que parece importar menos es que le guste al candidato como su fórmula….
Es cierto. Y precisamente el mérito de esa suplencia potencial es que la fórmula le guste al presidente.
¿Y que se tengan mutuamente confianza? ¿O es imposible?
Exacto, pero el asunto, por ejemplo de la última vice presidenta, Francia Márquez, no fue que le gustaba a Gustavo Petro, sino que le endosaba los 700.000 votos que había obtenido en la consulta.
Sí, es sabido que no era Francia Márquez a quien Petro necesariamente quería como su vice. Pero terminó escogiéndola, porque necesitaba esos votos. Pero además llenaba otras casillas…
Petro prácticamente se vio obligado a eso.
Pero entonces estamos en un régimen bastante cuestionable, consistente en que los vicepresidentes, que pueden suceder al presidente, a veces son hasta indeseables, no gustan, los tratan de poner a un lado, que no suenen, que no hagan, que no intervengan. Un poco extraño, porque tampoco se está preparando a un eventual sucesor que se empape del oficio en caso de que tenga que ejercer la presidencia.
Claro, claro. Por todas esas razones es una figura que no cuaja en la idiosincrasia del colombiano. Y la historia lo ha demostrado, ¿no?
Bueno, y si queremos mencionar sólo el ejemplo de Francia Márquez nos quedamos corticos, porque el caso de Humberto de la Calle fue exactamente el mismo. Ni él quería, ni Samper quería, pero, claro, hubo la consulta liberal en la que de La Calle quedó de segundo con 12.97%, por debajo de Samper, que sacó el 48.21. Luego era la elección lógica, bajo el criterio electoral.
Le tocó aceptar, y eso a pesar de que de la Calle era enemigo de la vicepresidencia desde la Constitución del 91.
Llegó, según su libro, hasta jurar que no sería vicepresidente jamás, independientemente de los resultados de la consulta liberal…
Dijo que a él esa figura no le gustaba, porque “un vicepresidente elegido popularmente crea una dualidad en la cúpula del poder”. Se opuso contra la figura hasta en la Constituyente. Después le tocó tragarse las palabras, para aceptarle la vicepresidencia a Samper.
Y más adelante hubo esa gran catástrofe, cuando De la Calle le reunció a Samper en medio del 8.000. Alcanzaron a acusarlo de “conspi”. ¿Necesariamente los vicepresidentes que han elegido desde la Constitución del 91, han sido, dijeramos, “aspiracionales”?
Claro, claro. Todos.
¿Incluyendo el señor Gustavo Bell, un costeño queridísimo del que nadie se acuerda, que fue el vicepresidente de Andrés Pastrana?
Bueno, Bell sí fue una circunstancia, él no estaba esperando eso. Además, Pastrana no lo tenía en sus cuentas o cálculos; él le ofreció la vicepresidencia primero a Francisco Posada de la Peña, quien ya estaba mayor, le dijo que no, pero le recomendó a un intelectual que había por allí en Barranquilla. Era Gustavo Bell. Terminó nombrando a su vicepresidente ministro de Defensa.
El típico caso de la persona que escogen ante todo por razones geográficas…
Este me acerca la costa, exacto.
Así como López Michelsen dijo, “me falló la costa”, Pastrana dijo, con Posada o con Bell me aseguro la costa. Es que son 7 departamentos…
Y un gran volúmen de votos. Y eso se ha dado también en Estados Unidos, por ejemplo, cuando Kennedy escogió a Johnson porque era del sur, y necesitaba votación de allá, y la votación de Kennedy era reñida con Nixon.
¿Cuáles son los grandes casos de la historia de vices conspiradores? A ver, se lo pregunto porque, por ejemplo, Samper le dio a De la Calle un tratamiento de conspirador cuando le renunció en medio el 8.000; en la carta de respuesta de Samper, que le cuento yo no conocía o no recordaba y está publicada en su libro, lo trata muy duro…
Pues nada menos le escribió: “ o usted se queda, o se sale del gobierno. Lo que no resulta aceptable es que se quede marcando públicas distancias…” De la Calle lo que proponía es que se fueran los dos. Y Samper no iba a ser tan bobo de decirle, sí, vámonos los dos; no, yo soy el presidente, váyase usted…
Pero bueno, De la Calle incluso años después estuvo en una consulta con el doctor Juan Fernando Cristo, (hoy cepedista), que le costó una cantidad de plata al país porque ninguno de los dos pudo hacer nada. La pregunta es: ¿De la Calle aspiraba a quedar de presidente cuando la crisis del 8.000?
Creo que sí.
Y sigue aspirando un poco… O quién sabe ahora a quién terminará apoyando, lo que podría confundirse como un apoyo del “bloque de la paz de Santos” que quién sabe cuanto bien le haga al candidato apoyado.
(Sonriendo) Ya se le pasó a De la Calle el cuarto de hora, ¿no? Me parece.
No recuerdo un choque tan definitivo entre presidente y vice.
Creo que un fenómeno similar, y más reciente, es el de Marta Lucia Ramírez.
Ella quedó de segunda en una consulta entre Iván Duque y Alejandro Ordoñez. Pero no quería ser una vice simplemente decorativa…Si bien tuvo hasta cuota en el gabinete y fue canciller, hubo desencuentros complicados con el Presidente Duque.
Pues es que ella aspiraba era a ser presidente, y resulta que eso no le funcionó. Pero hay un desencuentro muy famoso. Ella se le rebeló a una orden del presidente Duque.
¿Se refiere a la anécdota de que no quiso ir como enviada en nombre del gobierno a La Haya, a que nos leyeran uno de los funestos fallos a favor de Nicaragua contra Colombia?
Sí. Ella dijo que su deber era estar en San Andrés. Y Dijo: “Desobedezco esa orden. Yo no noy militar”.
Mencióneme casos de la historia de vice presidentes realmente conspiradores… Para no hablar de Santander contra Bolivar. ¿Santander tuvo que aguantar su propia dósis con su vicepresidente José Ignacio de Márquez, no es verdad?
Eso fue una historia de celos por Nicolasa Ibañez. Por el amor de ambos por la misma mujer. En conspiraciones está el famoso caso de Marroquín y Sanclemente, ambos respetables pero ineptos para gobernar, por circunstancias de edad y salud. Los escogió el señor Miguel Antonio Caro, cuando quedó inhabilitado para la presidencia y deseaba poder seguir ejerciendo un papel en el poder. Un fenómeno extrañísimo, porque Marroquín no quería ser tampoco el presidente. Él era un poeta y un hombre de campo. Cuando le dieron el golpe a Sanclemente ni siquiera lo hizo Marroquín sino sus amigos, que eran enemigos de Sanclemente. Y luego Marroquín no aparecía, lo buscaban, hasta que lo encontraron escondido debajo de una cama de donde se lo llevaron a Palacio. No, no quería.
Pero, a ver, ya más reecientemente, entre otros vicepresidentes no conspiradores, está el ejemplo clásico de Pacho Santos con Uribe.
Ah, sí, él quería ser alcalde de Bogotá.
Sí, alcalde, y le gustaban sus causas sociales…
No quería ser y no fue conspirador.
Juan Manuel Santos tuvo primero a Angelino Garzón, que, creo, tampoco fue “aspiracional”. El General Naranjo, que vino después de Vargas Lleras, tampoco.
Además de militar muy valiente, y dar tremendas batallas contra el narcotráfico, Naranjo participó activamente en los acuerdos de pas de La Habana. Él dijo públicamente que Santos, con su designación, “ lanzó una señal de transparencia de que su vicepresidente no es un actor político electoral de cara al próximo debate”.
Casi se lanza en esta vez nuestro General, pero como se dice, finalmente “no hubo ambiente”.
En la mitad de Angelino y de Naranjo estuvo Germán Vargas Lleras, un gran caso de vicepresidente no conspiretas. Él tuvo momentos estelares para lanzarse. Por ejemplo, entre primer y segundo período de Santos. No lo hizo. Renunció apenas con el tiempo necesario para no inhabilitarse, ya al final, pero el desprestigio del proceso de paz era tan grande, que su aspiración se ahogó.
Bueno. Es un caso curioso. Como escribo en mi libro, en Vargas es reconocida su condición de estadista, pero su mal genio no lo favorece. Ni su arrogancia. De los vices, es el que más poder ha tenido.
Y actualmente tenemos el caso de Petro con Francia Márquez
Que no ha funcionado…
Ahí no ha funcionado nada, siendo Francia una persona que produce solidaridad y admiración, pero por otras razones distintas a la de la vicepresidencia.
La han maltratado.
La han maltratado, y pues ella ha demostrado que es bien intencionada pero ineficiente, aunque explica que es que no podía mostrar tan rápido eficiencia en el ministerio de la Igualdad, porque la entidad no existía… Y no debió existir nunca.
No debió.
Opíneme de los actuales candidatos a vicepresidente.
Hay quienes sostienen que el vicepresidente de Paloma no debió irse para la vicepresidencia sino para la alcaldía de Bogotá.
Era lo que Juan Daniel Oviedo quería, pero las circunstancias se dieron y le tocó aceptar este reto… Y me da pena, pero es egoísta que él crea prioritario cuidar sus votos para esa aspiración, sobre su deber de complementar bien a Paloma. ¿Caso Abelardo-Restrepo?
Creo que ahí ganó Abelardo y perdió Restrepo, porque no hay punto de comparación. A Abelardo, Restrepo no le va a dar votos pero le aporta prestigio. Por eso creo que en esta unión ganó Abelardo.
Bueno, del resto hay candidatas vicepresidentas muy serias, muy buenas, como Edna Bonilla, la de Fajardo, que tampoco da votos.
Ahora, el caso de Claudia, ni sí, ni no, lo del señor Huerta era por poner a alguien en esa consulta…
Y luego se sintió obligada a escogerlo como fórmula. Eso demerita un poco la seriedad de las consultas…
Exacto. Y en el caso de Luis Gilberto Murillo y Luz María Zapata, pues también.
¿Y la vice presidenta indígena, Aída Quicué, de Cepeda? Caso bien interesante.
Es que él no está buscando votos, sino consolidando su electorado, digamos. Su esquema de gobierno. Que estoy con los indígenas, con los desplazados…
¿En caso de que Cepeda ganara, usted cree que si Aida Quilqué tuviera que reemplazar al señor Cepeda por alguna circunstancia desafortunada, habría algún conflicto? Porque asumiría una presidenta indígena, y ellos tienen sus propias autoridades, su propio sistema judicial, su propio sistema de salud y educativo…
Es una cosa muy interesante, que no se ha dado en la historia de Colombia. Y si se da, sería para mostrar ante el mundo. No me atrevería a decir qué pasaría.
Entonces, conclusión del libro: ¿Debemos volver al sistema de las designaturas, o no, mejor nos quedamos con este de la vicepresidencia?
Bueno, el último debate se planteó en la Constituyente, y la votación no fue abrumadora en favor de la vicepresidencia. Fue casi foto finish. Aquí estábamos acostumbrados a la designatura, y a los primeros, segundos, terceros designados. Entonces, ese planteamiento se hizo en la Constituyente y mucha gente importante no votó por restablecer la vice presidencia. Pues el debate queda abierto. Veremos qué sigue.
Y usted podrá añadirle un nuevo capítulo a las anécdotas de su libro.
MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO