
“Usted pide unidad para desaparecer una posición política que ha traído crecimiento económico, más justicia, mejor nivel de vida, pensiones a los viejos, más comida para el hogar que en todo el siglo, incluido su gobierno (…). Yo convoco a la unidad del pueblo de Colombia para avanzar más en el progreso y que se abran más oportunidades de vida para todas y todos los colombianos sin excepción”.
Esos fueron los términos en los que el presidente Gustavo Petro respondió un trino del expresidente Álvaro Uribe en el que hablaba sobre las condiciones en las que debe, según su criterio, darse la unión entre las campañas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Si bien es cierto que el exmandatario habló de la “continuidad perversa de Petro y Cepeda”, el mensaje iba dirigido claramente a sus bases políticas, y aun así, Petro, el presidente en ejercicio, decidió utilizar su cuenta de X, que tiene 8,2 millones de seguidores, para atacar a su némesis política y promover, sin mencionarlo, la candidatura de Iván Cepeda, el representante de su proyecto.
En la jornada del viernes, el objetivo fue Iván Duque, quien cuestionó la estrategia de Cepeda de rehuir los debates con otros candidatos presidenciales. “Que el señor Cepeda deje la cobardía. Quien quiera ser presidente tiene que ir a debates”, escribió Duque en X. El candidato no respondió, sino que fue el primer mandatario el que asumió su defensa como propia.
Presidente Gustavo Petro en consejo de ministros del 16 de marzo. Foto:Presidencia
“El señor Iván Duque no fue capaz de ir a un solo debate conmigo en la segunda vuelta presidencial. ¿Así se demuestra la cobardía?”, dijo Petro, y en un intenso intercambio de mensajes con Duque habló directamente de las dos campañas que, con la de Cepeda, están arriba en las encuestas: la de Abelardo de la Espriella y la de Paloma Valencia.
“El país tuvo la oportunidad de conocer su gobierno, y ahora, está en su derecho de volver, está en las dos candidaturas de derecha con su exministro de Hacienda y su director de estadística. Ya veremos si el país regresa a su gobierno o continúa las reformas democráticas y sociales para alcanzar el progreso, la equidad, las oportunidades para todas y todos”, dijo Petro.
Declaraciones de ese calibre —que se han vuelto usuales en sus redes sociales y en varios de sus actos públicos, incluidas alocuciones— son cuestionadas desde varios sectores que aseguran que en la historia reciente del país no hay antecedentes de un presidente en ejercicio con tal nivel de intromisión en el proceso electoral. En la campaña del 98, que ganó Andrés Pastrana, la presidencia de Samper fue señalada de favorecer a Horacio Serpa. En el 2010, Álvaro Uribe hizo campaña llamando a los colombianos a cuidar “sus tres huevitos”, en alusión a la continuidad de su proyecto encarnada, en ese momento, en Juan Manuel Santos. Uribe también hizo polémicos cuestionamientos sobre la salud de Antanas Mockus, entonces competidor de Santos. Iván Duque dijo en el 2022 que la de Petro era la candidatura del chavismo, lo que incluso le valió una denuncia por supuestamente “distorsionar el equilibrio que el presidente de la República está llamado a guardar frente al proceso electoral conducente a la elección de su sucesor”.
La pugnacidad del tono del presidente Petro y la frecuencia de sus intervenciones han llevado esos antecedentes a otro nivel. En las elecciones regionales de 2023 ya se había evidenciado la tendencia, pero ahora ha aumentado a niveles en los que distintos sectores hablan de una abierta intromisión de quien está llamado por la carta política y las leyes, precisamente, a lo contrario: a garantizar que el poder del Ejecutivo no sea utilizado en favor de ninguna bandera política.
Álvaro Uribe y Juan Daniel Oviedo. Foto:Milton Díaz EL TIEMPO.
Hace una semana, el blanco de Petro fue Juan Daniel Oviedo, el gran fenómeno político de la jornada del 8 de marzo y fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia. Sus ataques homófobos contra Oviedo, a quien paradójicamente invitó a entrar a su gobierno en el 2022, marcaron la tendencia que siguieron las bodegas y varias figuras afines al petrismo y a su candidatura. “Qué tal algunos de mis amigos y amigas de los barrios populares del sur de Bogotá y del occidente votando en consulta por el que les pareció el menos derechoso de la manada solo porque habló bien de Petro. (…) Aquí estamos para defender el salario vital a como dé lugar. Es la vida de la familia, de los hijos y del prójimo. Lo demás son plumas y lentejuelas que esconden a los vampiros”, escribió el primer mandatario.
Además de los ataques directos al uribismo en las últimas semanas, durante los últimos meses se ha visto al mandatario influyendo en el debate electoral sin sonrojarse y sin aceptar los llamados de distintos sectores a evitarlo. A mediados de febrero intentó relacionar a la fiscal general, Luz Adriana Camargo, con Abelardo de la Espriella. Incluso llegó a sugerir que los avances en las investigaciones por el escándalo de la UNGRD, que tiene presos a dos de sus ministros y que sigue creciendo, supuestamente se debían a una supuesta vinculación que resultó falsa pero que nunca fue rectificada.
Pero no solo son declaraciones. El aumento desbordado del salario mínimo, por encima de la realidad de la economía, fue, según los analistas, una jugada de Petro para favorecer su proyecto político en pleno año electoral. Lo propio pasa con las rebajas en el precio de la gasolina, que debieron producirse hace más de un año, pero que solo ahora el Gobierno empezó a aplicar.
“A pesar de que hay normas muy claras que les prohíben a él y a todo el Ejecutivo intervenir en política, todos los días infringe estas normas, y parece reírse de ellas con irritante desfachatez”, le dijo a EL TIEMPO el exministro Juan Camilo Restrepo, que recordó cuando el procurador Mario Aramburo le llamó la atención al entonces presidente Carlos Lleras Restrepo sobre una posible participación en política y este aceptó la reconvención. Cuestionó que Gustavo Petro no haya hecho lo mismo ante los llamados de distintas orillas.
Juan Camilo Restrepo, exministro de agricultura. Foto:Archivo particular
Para Restrepo, el mandatario va en contra del artículo 127 de la Constitución, que establece: “A los empleados del Estado y de sus entidades descentralizadas que ejerzan jurisdicción, autoridad civil o política, cargos de dirección administrativa, o se desempeñen en los órganos judicial, electoral, de control, les está prohibido tomar parte en las actividades de los partidos y movimientos y en las controversias políticas, sin perjuicio de ejercer libremente el derecho al sufragio”.
Además, recordó que el Presidente tiene como deber representar la unidad de la Nación y al expresar una postura frente a un candidato rompe dicha orden constitucional.
En la práctica, la única instancia que puede rondar al presidente es la Comisión de Acusación de la Cámara, que históricamente ha sido inoperante frente a los jefes de Estado y que en estos cuatro años no avanzó en ningún caso, incluido el de la violación de topes electorales ya sancionada por el Consejo Nacional Electoral y que tiene respondiendo a Ricardo Roa, actual presidente de Ecopetrol y gerente de la campaña Petro Presidente en 2022, en el banquillo de los acusados por decisión de la Fiscalía.
Presidencia en campaña
La reunión del presidente Gustavo Petro con la bancada del Pacto Histórico. Foto:Ministerio del Interior
El presidente Petro ha convertido la Casa de Nariño en un cuartel de campaña más. La tendencia comenzó desde hace dos años, cuando en el funeral de Piedad Córdoba hizo un llamado a que los partidos de izquierda se fusionaran en una sola colectividad. Desde entonces, el mandatario ha marcado la línea de cómo se mueve su proyecto político.
En campaña han sido múltiples las reuniones de la bancada del Pacto Histórico con el Presidente. Les ha dictado la estrategia por seguir y hasta ha hecho recomendaciones a otras colectividades, como Comunes y La Fuerza, a las que les insistió hasta el final que no fueran por separado, sino que se unieran al Pacto para no perder votos que implicaran menos curules, como ocurrió hace cuatro años con la lista alterna liderada por Fuerza Ciudadana.
También fue determinante en el desarrollo de la consulta del Frente Amplio del pasado 8 de marzo. Insistió en que debía realizarse y luego intentó frenarla cuando el CNE determinó que Iván Cepeda no podía participar porque ya había sido elegido en la interpartidista de octubre. Incluso habló con Roy Barreras para tratar de bajarlo de la realización de la consulta. Y ante la renuencia de Roy, Petro dejó en claro la directriz de no votar. “Yo no voy a votar consulta, voy a votar por cambiar el Congreso que hace las leyes. En primera vuelta volveré a votar”, dijo. El mismo día de las elecciones, el mandatario volvió a mostrar su postura a boca de urna, cuando insistió en que no emitiría su voto en la consulta.
Roy Barreras, en entrevista con EL TIEMPO, describió así el efecto que tuvo la postura presidencial: “El presidente Petro prohibió votar por nuestra consulta y eso es insólito. Fue un error porque permitió que Paloma Valencia apareciera como gran ganadora en la consulta de la derecha. Basta con recordar que 11 millones de colombianos progresistas, liberales, de centro, como yo, pues yo no soy de izquierda y nunca lo he sido, votamos hace cuatro años por Gustavo Petro y construimos el Pacto”. “De esos 11 millones, 4 millones y medio votaron el domingo por las listas del Pacto Histórico. A los otros 7 millones se les prohibió votar y eso desestimuló muchísimo la presencia en las urnas”, dijo el exembajador, hoy relegado a un segundo nivel en el proyecto político del llamado progresismo.
Roy Barreras ante los alcaldes del país. Foto:Fedemunicipios
Con un candidato como Cepeda, del que entre las filas del Pacto se reconoce que tiene problemas para conectar con las audiencias más allá de la izquierda militante, Petro ha asumido el papel de conducir la campaña, defender al candidato y tratar de imponer agenda. Eso se vio la semana pasada con la cascada de declaraciones presidenciales sobre múltiples temas, justo cuando los ojos políticos del país estaban sobre Juan Daniel Oviedo y el panorama que abren sus 1,2 millones de votos en La Gran Consulta por Colombia.
“Cepeda está haciendo la campaña más extraña del mundo. El candidato casi no habla y no ha hecho gestos de acoger al centro. Claro que tiene una ventaja: su jefe de campaña es el propio Gustavo Petro, quien corta el viento como los gregarios en el ciclismo para que el líder de la carrera vaya pedaleando tranquilo”, apuntó el exsenador Humberto de la Calle en entrevista con Mauricio Reina.
Humberto de la Calle ha sido candidato presidencial y senador. Foto:John Jairo Pérez. EL TIEMPO
Ataque a Registraduría
La estrategia de Petro pasa también por mantener sus cuestionamientos sobre la transparencia y solidez del sistema electoral colombiano, que no solo lo eligió reiteradamente a él en los últimos 30 años, sino que el pasado 8 de marzo demostró de nuevo su fortaleza, como lo reconocieron las instituciones y veedurías nacionales e internacionales. No obstante la altísima coincidencia entre el preconteo y el escrutinio, el Presidente insiste en su narrativa. Ha destinado alocuciones, discursos y más de 100 trinos entre diciembre del año pasado y esta semana para hablar, sin pruebas, de la supuesta posibilidad de un fraude en contra de su partido.
Su nueva jugada fue remitirle un derecho de petición a la Fiscalía en el que pretende relacionar el caso de las curules del Mira del 2014, en el que, según el Consejo de Estado, hubo fraude en contra de ese movimiento político, con la actual contienda electoral.
“¿Considera la Fiscalía General de la Nación que los resultados de la investigación ordenada en 2018, o la ausencia de ellos, tienen relevancia para garantizar la integridad del proceso electoral del 31 de mayo de 2026? ¿Ha coordinado la Fiscalía con la Registraduría Nacional del Estado Civil, el Consejo Nacional Electoral o cualquier otro organismo del Estado alguna medida preventiva derivada de los hallazgos de la investigación sobre el software electoral de 2014?”, dice el documento dirigido a la fiscal general.
La postura del primer mandatario ha sido cuestionada por distintos sectores, que le han recordado que su función es brindar garantías y no minar la confianza en el proceso electoral. Precisamente, la Misión de Observación Electoral (MOE), sin mencionar directamente a Gustavo Petro, dejó constancia del peligro de este tipo de comportamiento.
Alejandra Barrios y Frey Muñoz, directora y subdirector de la MOE. Foto:MOE.
“La MOE llama la atención sobre la persistencia de narrativas de desinformación en el actual proceso electoral, las cuales no circulan únicamente desde cuentas anónimas, redes de propaganda o actores partidistas, sino que también pueden verse reforzadas por declaraciones con alta visibilidad e impacto público que cuestionan la transparencia del proceso”, indicó la veeduría, que agregó un llamado de atención a los “ataques contra candidatura por razones asociadas al género y la orientación sexual”, otro llamado claro ante lo dicho por el mandatario en sus redes sociales contra Oviedo.
Thierry Ways, columnista de este diario, coincide en que el mandatario se ha extralimitado y señala que hay “falta de dientes en el sistema judicial cuando se trata de cuestiones políticas”. En ese mismo sentido indicó que se demuestra “lo impráctico que son ciertas normas que no se pueden hacer cumplir”. No obstante, advirtió que el Presidente debería ajustarse a la ley, ante la necesidad de ser ejemplo para la Nación.
Por otro lado, el exconstituyente y constitucionalista Gustavo Zafra indicó que prefiere “un Presidente que hable a uno que esté amordazado”. Asimismo, recordó que por ley, el mandatario tiene derecho a defender su proyecto político, lo que no implica que pueda descalificar contradictores o impulsar a sus candidatos.
Basta con revisar lo que ocurre en otros países de la región para dimensionar la pertinencia del debate. En México, la Constitución establece que los servidores públicos deben actuar con imparcialidad en el uso de los recursos del Estado y tienen prohibido incidir en la equidad de la contienda electoral. En ese marco, desde el inicio de los procesos electorales —tanto federales como locales— y hasta la jornada de votación, los funcionarios deben abstenerse de realizar conductas que puedan influir en las preferencias de los votantes.
En Colombia, la participación en política no se limita al jefe de Estado. Varios de sus ministros han replicado ese comportamiento. Hace un mes, durante un evento oficial de su cartera en el Tolima, el ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, lanzó un mensaje con evidente contenido electoral: “Sepan por quién votan el 8 de marzo; quiénes votan en contra de la reforma laboral, pensional, de salud y de educación”.
El ministro Armando Benedetti en la última comisión de garantías electorales. Foto:MInisterio del Interior
Según el procurador general, Gregorio Eljach, el Ministerio Público tiene actualmente 38 procesos abiertos por presunta participación indebida en política de funcionarios en todo el país. Sin embargo, hasta ahora, esas indagaciones no han alcanzado al Gobierno Nacional.
El ministro del Interior, Armando Benedetti, salió esta semana en distintos medios de comunicación a defender la tesis de que la norma no prohíbe que el Presidente opine sobre asuntos políticos, sino que limita el uso del aparato estatal con fines electorales. “La Ley 996 de 2005 habla de no hacer publicidad electoral, que es diferente a una opinión. El Presidente puede opinar y los ciudadanos elegir cuáles son las mejores ideas, no le veo problema”, sostuvo.
La controversia ha escalado al punto de generar reacciones internacionales. Desde Washington han surgido llamados a garantizar que las elecciones se desarrollen sin interferencias del Gobierno. “Vigilaremos que las elecciones sean transparentes, libres; eso es muy importante para los Estados Unidos”, aseguró el senador republicano Bernie Moreno en entrevista con María Isabel Rueda.
JUAN SEBASTIÁN LOMBO DELGADO
Redacción Política