


La madrugada del 3 de enero de 2026, helicópterosexplosiones y fuerzas especiales estadounidenses irrumpieron Fuerte Tiuna atrapar Nicolás Maduro. Lo que se anunció como el comienzo de una nueva etapa para Venezuela no desmanteló el andamiaje del poder y la persecución de las voces disidentes: la maquinaria de vigilancia gubernamental permanece intacto y operativo.
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Esto lo confirma un informe reciente de Disfrute de una conexión sin filtros, segura y gratuita, y el laboratorio de investigación forense digital del Atlantic Councilque concluye que el aparato de control no sólo sobrevivió al cambio de mando, sino que continúa funcionando a plena capacidad bajo la dirección del líder responsable, Delcy Rodríguez.
Los documentos del informe. una inversión de más de 1.000 millones de dólares en tecnología dedicada no a la seguridad ciudadana, sino al control político.
Familiares de presos políticos en Venezuela. Foto: AFP
Esta red se basa principalmente en proveedores chinos como CEIEC, Hikvision y Dahua, que han equipado sistemas CCTV con capacidades avanzadas de reconocimiento facial. y detección de matrículas, impulsada por inteligencia artificial.
Sólo en el segundo semestre de 2025, el número de cámaras operativas en el país aumentó casi un 80 por ciento, alcanzando las 7.000 unidades bajo el liderazgo de Diosdado Cabello en el Ministerio del Interior. Estas cámaras están integradas en el sistema VEN911.permitiendo a servicios de inteligencia como el SEBIN y la DGCIM identificar y localizar a disidentes en tiempo real.
Monitoreo multicapa
El informe enfatiza que la represión en Venezuela no se debe a una sola herramienta, sino a una “vulnerabilidad de múltiples niveles”:
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- Infraestructura de videovigilancia: El sistema de cámaras (CCTV), dominado por proveedores chinos como Hikvision y Dahua, ha pasado de ser una herramienta de seguridad pública a un arma de control político. Utiliza inteligencia artificial para el reconocimiento facial y de matrículas sin control judicial. Se integra en el sistema VEN911 para localizar rápidamente a disidentes y opositores.
- Drones y vigilancia de movimiento: Las fuerzas de seguridad utilizan drones (comerciales y avanzados) para vigilancia y guerra psicológica, especialmente en zonas residenciales de la oposición. Además, se han detectado dispositivos GPS. con micrófonos ocultos en vehículos de familiares de presos políticos para seguimiento y escuchas encubiertas.
- Aplicaciones impulsadas por el estado: El “Sistema Patria” actúa como una plataforma de minería masiva de datos y control social, cuyo dominio pertenece al partido de gobierno (PSUV). La aplicación VenApp, por su parte, se utiliza expresamente para facilitar la denuncia ciudadana de actividades críticas al gobierno.
- Ciberpatrullaje y redes sociales: Los servicios de inteligencia (SEBIN y DGCIM) coordinan un mecanismo de persecución digital que criminaliza la expresión en línea. Un ejemplo es la “Operación Tun Tun”, que integra denuncias en VenApp, doxing en Telegram e intimidación en Instagram para realizar detenciones puerta a puerta.
- Intercepción de telecomunicaciones: Existe una vigilancia a escala industrial que trasciende cualquier propósito criminal legítimo. Los informes de los operadores revelan cientos de miles de líneas intervenidas. La infraestructura de CANTV y un débil marco regulatorio permiten a la administración un acceso ilimitado y en tiempo real a las comunicaciones privadas.
- Ciberataques e infiltraciones gubernamentales: El Estado promueve ataques sofisticados, como campañas de phishing contra iniciativas de la oposición (Voluntarios por Venezuela, Comanditos) y el uso de software espía (como FinFisher). Estas operaciones combinan la manipulación de redes públicas con el robo de cuentas y la desinformación coordinada.
- Registros e incautaciones sin orden judicial: Los registros forzosos de teléfonos móviles en aeropuertos y puestos de control se han convertido en una práctica común de amenazas y extorsión financiera. Los funcionarios realizan búsquedas digitales de ciudadanos para detectar opiniones políticas y exigir pagos en moneda extranjera a cambio de evitar el arresto.
El número de cámaras operativas en el país aumentó casi un 80 por ciento. Foto: AFP
La normalización del miedo
Uno de los hallazgos más alarmantes es el impacto social de esta infraestructura. La práctica generalizada de registrar teléfonos móviles en aeropuertos y puestos de control -sin orden judicial y a menudo acompañada de extorsión en dólares o Zelle- ha obligado a la población a una “autovigilancia” constante.
“Saber que las fuerzas de seguridad están vigilando los espacios públicos tiene un profundo efecto disuasorio”dice el informe. Los activistas de base han tenido que reducir sus reuniones, limitar el uso de teléfonos móviles y aplicar una estricta autocensura para sobrevivir en un entorno donde un mensaje de audio o una opinión en las redes sociales puede dar lugar a acusaciones de “discurso de odio”.
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A pesar de algunas medidas que el informe describe como cosméticas, como la disolución de CESPPA (el centro de coordinación de inteligencia de influencia cubano-iraní) en febrero de 2026, el aparato represivo digital sigue “plenamente operativo”.
El informe concluye con una advertencia clara: una auténtica transición democrática en Venezuela requiere mucho más que un cambio de liderazgo; requiere un desmantelamiento deliberado de esta infraestructura de vigilancia como hoy, Meses después de la caída de Maduro, continúa observando cada movimiento de sus ciudadanos.
ANA MARÍA RODRÍGUEZ BRAZÓN – Corresponsal de EL TIEMPO – Caracas