El mortal ataque contra el senador y candidato presidencial Miguel Uribe Turbay, que dejó una herida abierta en la democracia colombiana, marcó hace ocho meses la magnitud del peligro para la campaña política del país. A 22 días de que los colombianos acudan a las urnas para elegir un nuevo parlamento, así como para votar en las consultas interpartidistas, hay zonas prohibidas donde no se pueden realizar campañas electorales por amenazas de grupos armados, y quienes ingresan a algunos municipios de Arauca, Norte de Santander y Cauca deben pedir permiso a los ilegales. Además, han aumentado las amenazas y los actos de violencia contra candidatos presidenciales y parlamentarios.
La semana pasada, el ELN mató a dos miembros del sistema de seguridad del senador y candidato J.airo castellanos cuando transitaban por los caminos de Fortul, Arauca. Y esta semana, la senadora y líder comunitaria Aida Quilcué fue secuestrada en la carretera que conecta Inzá con Popayán, Cauca, aparentemente por disidentes de las FARC.
Y en los últimos días los candidatos presidenciales Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella denunciaron haber recibido amenazas.
Estos actos de violencia no son aislados ni específicos de estas dos regiones. Valencia, candidato del Centro Democrático, condenó la columna “Dagoberto Ramos Ortiz”, de las disidencias de las FARC, le “prohíbe” el ingreso a ella y a otros candidatos del uribismo: “A esta zona no pueden entrar políticos depravados y propaganda de guerra”, reza un cartel. “En Cauca no hay garantías para Quilcué y hay cercos que me prohíben el ingreso a varios municipios. La situación del país en términos de orden público es importante. Los grupos armados, además de ser hoy millonarios, ponen cercos y dicen a quién votar, quién no y quién puede hacer política”, aseguró a EL TIEMPO.
“El 10 de febrero de 2026 se recibió una llamada anónima advirtiendo de un presunto incremento del terrorismo atribuido al ELN. El objetivo sería el candidato presidencial y sus instalaciones políticas”, denunció esta semana el equipo de Abelardo de la Espriella.
Frente a esto, el candidato sostuvo que “la actividad criminal no amenaza la práctica democrática ni silencia las defensas de las instituciones. La violencia no reemplaza el debate ni frena la voluntad de los ciudadanos”.
Según el último informe del Ministerio de Elecciones (MOE), el riesgo electoral ha aumentado en este ciclo electoral en comparación con elecciones anteriores.
170 municipios en peligro
Este informe, publicado la semana pasada, muestra que hay 170 municipios con algún riesgo electoral donde coinciden factores que indican fraude y violencia en el país, lo que representa un aumento del 29,7 por ciento respecto a las elecciones nacionales de 2022, cuando se registraron 131 municipios en riesgo por los mismos criterios.
De los municipios que están en riesgo para esta elección, 81 son de riesgo alto, 51 de riesgo alto y 38 de riesgo medio. El dato que más llama la atención es el de alto riesgo, que pasó de 49 municipios en 2022 a 81 para este año electoral, lo que significa un crecimiento del 65,3 por ciento.
El grupo técnico que preparó el mapa de riesgo del Ministerio de Educación llamó la atención sobre el Cauca, el departamento donde la mayoría de los municipios están en alto riesgo (19). Entre ellos están Inzá y Totoró, en cuyo pasillo fue secuestrada la senadora Quilcué y su equipo de seguridad. Según el Ministerio de Educación, las zonas de la zona norte de la Cordillera del Cauca, hasta el límite con la zona sur del Valle del Cauca, son las más vulnerables.
“Es necesario crear y garantizar canales de diálogo para construir la paz que el país necesita, especialmente en zonas que han sido golpeadas durante tantos años por una guerra que no es de las comunidades”, dijo a EL TIEMPO el alcalde de Inzá, Delio Trujillo, electo por el mismo partido que el senador Quilcué.
“La democracia no se puede construir ni practicar cuando hay vidas amenazadas y la voz de quienes representan a los ciudadanos está comprometida”, afirmó el gobernador del Cauca, Jorge Octavio Guzmán.
Otro departamento más afectado es Antioquia, especialmente las subregiones de Noreste, Bajo Cauca y Nudo de Paramillo. Hay 18 municipios en alto riesgo, incluido Amalfi, donde en agosto un helicóptero UH-60 Black Hawk de la policía estatal fue derribado con explosivos, matando a 13 uniformados. El ataque fue atribuido a disidentes del Estado Mayor de Bloques y Frentes, encabezados por Calarcá.
En la cuenca media y baja del río Putumayo, que desemboca en la región amazónica, también se concentran municipios de alto riesgo, entre los que destacan Puerto Asís y Puerto Leguízamo. En esa zona delinquen los guardias fronterizos del Partido de la Frontera del Ejército Bolivariano (Cneb), estructuras basadas en la “paz absoluta” y que, presuntamente, se comprometen a erradicar y reponer 30.000 hectáreas de cultivos de coca en Nariño (15.000yo) (15.000yo) (15.000yo)).
En Norte de Santander se identifican dos más: El Tarra y Hacarí, ambos ubicados en la subregión del Catatumbo, donde el ELN y el Frente 33 de las disidencias de las Farc mantienen una disputa territorial.
Los departamentos de Meta, Caquetá y Guainía combinan algunos municipios de alto riesgo; Sin embargo, se caracterizan por abarcar grandes extensiones de terreno.
El panorama ha levantado alarma, incluso en Naciones Unidas, que pidió al gobierno redoblar sus esfuerzos para garantizar la seguridad de los electores, candidatos y fuerzas políticas en el próximo proceso electoral, especialmente en las zonas que votan por zonas especiales de paz de transición (Citrep), conocidas como asientos de paz.
“Lo que vemos aquí es el riesgo para la participación de los electores en las elecciones, para poder elegir a sus representantes a los escaños de paz. También hay preocupación por la seguridad de los votos y los traslados. Lo que vi en Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Caquetá, Norte de Santander, Guaviare y también en Medellín, la seguridad en Colombia está preocupada por eso, dijo Miroslav Jenca, en entrevista con este diario.
No se pudo hacer campaña: dice Lina María Garrido
La crítica situación se produce en medio del ascenso de grupos armados que, en medio de la política de “paz total” del régimen de Petro, aprovecharon para ampliar sus filas. SíSegún informaciones del servicio de inteligencia, los grupos armados cuentan hoy con 25.000 hombres. Esta situación ha llevado a que las campañas tanto para el Congreso como para la presidencia se centren en las principales ciudades del país y en los municipios cercanos a las capitales. Incluso hay parlamentarios que no pueden hacer campaña en su país, como Lina María Garrido de Arauca, quien está amenazada por disidentes del ELN y las FARC. “No puedo hacer campaña allí, hace mucho que no puedo viajar a mi departamento”, dijo el representante a la Cámara y candidato al Senado por Cambio Radical.
“Muchos de los viajes que hacemos por las carreteras de mi departamento tienen el riesgo de lo que ya viví antes, que fue un ataque a balazos al vehículo en el que iba. El patrullaje vial hace que la actividad política sea cada vez más una actividad riesgosa donde lo que se pone en riesgo no es sólo mi vida, como candidato, sino la de quienes me siguen, Julio C., víctima de un atentado en Huila, su departamento, en agosto del año anterior.
Esta situación representa un desafío para las instituciones y la democracia, ya que hoy no existen condiciones para elecciones libres en zonas controladas por grupos ilegales y los ciudadanos pueden votar bajo la presión de estos grupos.
MATEO GARCÍA Y JUAN PABLO PENAGOS
PROYECTO POLÍTICO