

El expresidente César Gaviria, director del Partido Liberal, le escribió una carta al presidente Gustavo Petro para aconsejarlo sobre su próxima reunión con Donald Trump, que se llevará a cabo el próximo 3 de febrero en los Estados Unidos. Desde el párrafo uno, el que gobernó Colombia entre 1990-1994 fue claro en que el mandatario colombiano debe cambiar su tono.
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“Usted, representará a la nación en su conjunto en su reunión con el presidente Trump, y tiene claro que en la actual coyuntura no se trata de desarrollar una narrativa ideológica ni una competencia o confrontación personal con él”, dijo Gaviria, que hizo un llamado al mandatario colombiano a dejar a un lado sus “políticas deliberadamente anti-norteamericanas” para así tratar de superar las diferencias.
El expresidente César Gaviria le escribió carta al presidente Gustavo Petro. Foto:Partido Liberal
En ese sentido, Gaviria hizo un diagnóstico sobre el panorama actual de las relaciones con Estados Unidos. “La relación bilateral con los Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más delicados en décadas. Las tensiones acumuladas, las sanciones personales impuestas por ese gobierno y el deterioro del diálogo institucional han generado una crisis de confianza que afecta directamente la seguridad, la economía y la proyección internacional de Colombia”, dijo el expresidente.
Gaviria apuntó que es muy probable que Trump buscará imponer una agenda y una serie de compromisos en la reunión bilateral, por lo que “la prioridad estratégica debe ser clara: rehabilitar la confianza con el principal socioeconómico y de seguridad del país, evitando confrontaciones innecesarias y privilegiar resultados concretos y expresamente buscados”.
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El expresidente apuntó que el mandatario estadounidense puede tomar acciones como el crédito que le entregó a Argentina y que afectó el resultado de las elecciones legislativas u otras como la detención de Nicolás Maduro. En ese sentido, César Gaviria le pidió al presidente Petro que no insista en el tema China en esa reunión.
César Gaviria en la presentación de su libro, Entrelazados Foto:Partido. Liberal
“Resulta difícil aceptar que el argumento acerca de nuestro déficit comercial con China pueda tener alguna utilidad en una charla con el presidente de Estados Unidos. Es solo contraproducente y dañino, además de falsa, la idea de ir a la Casa Blanca a plantear ese argumento sobre nuestras relaciones comerciales con China; no le traerá ningún beneficio a Colombia. Debemos garantizar la tesis de que Colombia no está girando en la órbita de los rivales geopolíticos de EE. UU. “, dijo la cabeza del Partido Liberal.
En ese tono, y durante 5 páginas, el expresidente Gaviria le hizo una serie de recomendaciones y comentarios al actual mandatario colombiano para afrontar el encuentro de la próxima semana.
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Lea la carta completa:
Bogotá, 26 de enero de 2026
Señor Presidente de la República
Gustavo Petro Urrego
Señor Presidente:
En el marco de su próxima visita a la Casa Blanca, considero indispensable abordar con franqueza, rigor estratégico y sentido de Estado los principales ejes que hoy condicionan la política exterior de Colombia. Usted, representará a la nación en su conjunto en su reunión con el presidente Trump, y tiene claro que en la actual coyuntura no se trata de desarrollar una narrativa ideológica ni una competencia o confrontación personal con él.
Más bien se trata de dejar atrás esa actitud que generó hondas diferencias con la política exterior del presidente Trump en una época en la cual sus distancias con los Estados Unidos y su política eran deliberadamente anti-norteamericanas. Como en varias oportunidades lo he hecho a lo largo de su gobierno, esta carta no busca complacencia, sino dar advertencias y orientaciones estratégicas para el logro de nuestros objetivos y enfrentar los ejes que amenazan la política exterior de Colombia; preocupaciones que, estoy seguro, comparto con usted, señor Presidente, y con la mayoría de los colombianos.
La relación bilateral con los Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más delicados en décadas. Las tensiones acumuladas, las sanciones personales impuestas por ese gobierno y el deterioro del diálogo institucional han generado una crisis de confianza que afecta directamente la seguridad, la economía y la proyección internacional de Colombia. Además, deterioran tanto entre nosotros como internacionalmente su imagen como nuestro gobernante, algo que en la actualidad es indeseable para el propósito de conseguir la mejor relación con Estados Unidos. Las garantías que se le han dado para su visita a Washington son útiles y necesarias.
A lo largo de su mandato, la respuesta del Gobierno colombiano ha sido percibida por algunos analistas como reactiva y personalista, debilitando una alianza histórica construida en décadas sobre cooperación en seguridad, comercio, inversión y desarrollo, así haya habido altibajos. Analistas como Gabriel Cifuentes han advertido con respecto a la Colombia de hoy sobre el riesgo del “tono mesiánico” en foros internacionales, señalando que la diplomacia no puede ser un escenario de validación ideológica, sino de resultados. Como usted bien lo aprendió, la diplomacia no se ejerce mediante confrontaciones públicas, ni por redes sociales, ni por discursos callejeros, sino a través de canales institucionales, mensajes consistentes y objetivos verificables. Y no dudo que usted, en estos momentos, piensa de igual manera.
Lo que usted va a acometer en una semana tiene una importancia excepcional y sus logros serán reconocidos por todos. No dudamos que Trump no dudará en presionarlo con una agenda precisa, que incluya claramente compromisos en extradición, fumigación y en endurecer lenguaje y tratamiento contra los grupos narcoterroristas. La prioridad estratégica debe ser clara: rehabilitar la confianza con el principal socioeconómico y de seguridad del país, evitando confrontaciones innecesarias y privilegiar resultados concretos y expresamente buscados.
Hay que tener presente, por ejemplo, que hace algunos meses el presidente Trump le facilitó a Argentina una cartera de hasta 20.000 millones de dólares, lo que significó un cambio muy drástico en el resultado de las últimas elecciones de ese país y le dio un triunfo contundente al presidente Milei. El presidente Trump toma decisiones audaces y arriesgadas, y ese es tal vez el rasgo principal de sus políticas; de ello es buen ejemplo también la captura del expresidente y dictador Maduro y la manera como ella se ejecutó. Eso no significa que tengamos que estar identificados con la vocación hegemónica de Trump, como se ha visto en relación con Groenlandia. Pero hoy debemos buscar un cambio radical y fundamental que nos permita estrechar la relación con Estados Unidos.
Usted nos expresó en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores que le diría al presidente Trump que el principal problema comercial de Colombia es el déficit con China, cercano a los 14.000 millones de dólares. Esto equivale a lo que genera la industria de la construcción en Colombia. Pero no solo es difícil encontrar en nuestros documentos económicos —generados en el Banco de la República, en el DANE o en cualquiera de nuestras publicaciones gremiales— fundamento para tal afirmación. Tampoco creo que se pueda justificar esa cifra en ninguna circunstancia del pasado y ella debe ser fruto de su deseo de confrontar a ese país en los tiempos en los que era de su interés mostrar sus radicales diferencias con Estados Unidos en su política global.
Esta postura ignora un hecho central: Estados Unidos sigue siendo el mayor socio comercial de Colombia, con un intercambio cercano a los 36.700 millones de dólares. Resulta difícil aceptar que el argumento acerca de nuestro déficit comercial con China pueda tener alguna utilidad en una charla con el presidente de Estados Unidos. Es solo contraproducente y dañino, además de falsa, la idea de ir a la Casa Blanca a plantear ese argumento sobre nuestras relaciones comerciales con China; no le traerá ningún beneficio a Colombia. Debemos garantizar la tesis de que Colombia no está girando en la órbita de los rivales geopolíticos de EE. UU.
La diversificación comercial es deseable, pero no puede construirse sobre discursos de un origen ideológico que nos alejan de nuestros verdaderos intereses, como tantas veces ocurrió a lo largo de su gobierno, invitando a países a romper sus relaciones con Israel y no encontrando ni siquiera una respuesta favorable a sus demandas, y que eso no le haya dado el mínimo beneficio a Colombia.
La dependencia colombiana de inversión extranjera directa, insumos industriales y acceso preferencial al mercado estadounidense exige una política pragmática, consistente con las políticas del gobierno del presidente Trump, que ayuden a Colombia y deje atrás la innumerable cantidad de divergencias que se han generado a lo largo de su gobierno, producidas por posiciones o afirmaciones contrarias a la política global de EE. UU. Plantear nuestras relaciones comerciales con China como alternativa estratégica en detrimento de Estados Unidos es un grave error y nos aleja de una relación productiva y de otros apoyos fundamentales en un contexto de global crecimiento; eso solo incrementaría la dificultad de encontrar una política coherente y socavaría su voluntad de mejorar la relación con la administración estadounidense.
Tampoco parece conveniente tratar de unificar nuestra posición buscando posturas comunes con otros países de la región, pues esto dificulta los propósitos de su gobierno de encontrar un apoyo que sea útil a sus propósitos, que son los nuestros.
Si bien el Gobierno ha destacado cifras récord de incautación de cocaína, una parte sustancial de estos resultados se debe al incremento de los cultivos de coca en el país, lo que ha generado dudas justificadas sobre la efectividad real de nuestra política antidrogas.
Las cifras técnicas son alarmantes y no admiten retórica: expertos como Daniel Mejía Cuja o la propia ONU han señalado que Colombia ha alcanzado un máximo histórico de 263.000 hectáreas de cultivos de coca, un aumento del 80 % frente a cifras previas, y lo que es más grave, la productividad por hectárea se ha duplicado.
Más preocupante aún para la confianza con Washington es la caída en la operatividad: pese al volumen total incautado, la tasa de incautación ha caído del 42 % al 28 % actualmente, y la erradicación manual ha disminuido en un 93 %, hechos que alimentan y ahondan las críticas de Estados Unidos. Esto ha derivado en la reducción de cooperación en inteligencia, equipo militar y recursos económicos, reflejando una crisis de confianza que va más allá de los números.
Perder credibilidad estratégica es un riesgo mayor que cualquier debate metodológico o sustantivo. Y usted lo ha aprendido por experiencia personal con un costo que no ha sido menor. El enfoque actual requiere un viraje: enfocar la interdicción en los grandes laboratorios y el lavado de activos, en lugar de una política de “Paz Total” que, por falta de implementación integral, ha permitido que bandas criminales llenen los vacíos territoriales. Llegó la hora de que usted tome la decisión de abandonar esa política de paz total por ser totalmente incompatible con los intereses nacionales y por la escasez de resultados.
La reunión en la Casa Blanca debe servir para presentar una estrategia integral, verificable y cooperativa contra el narcotráfico, reconociendo que el apoyo estadounidense ha sido históricamente esencial para enfrentar este fenómeno y es el área donde hay un mayor potencial de cooperación. También es necesario que usted ventile resolver los temas económicos que pueden y deben ser un aspecto más importante en nuestra relación con Estados Unidos.
Usted cuenta con la experiencia necesaria para comprender que, en la actual coyuntura, la política frente a Venezuela no puede regirse por las lógicas del pasado. Las consideraciones de hoy deben distar radicalmente de aquellos momentos en los que su postura frente a Estados Unidos se vio condicionada por una visión ideologizada, lo cual derivó en una actitud antinorteamericana que resultó costosa para el país.
Por el contrario, hoy resulta imperativo que su política frente a Caracas relegue lo ideológico a un segundo plano y se subordine a un objetivo superior: la necesidad de reconstruir y mejorar la relación con Estados Unidos. Esta urgencia no es retórica, sino práctica y de seguridad nacional. Colombia ha recibido cerca de 2,8 millones de migrantes venezolanos sin que exista hoy un marco institucional robusto para gestionar nuevos flujos. Además, la frontera de más de 2.200 kilómetros se ha convertido en un espacio donde convergen el narcotráfico, el contrabando y grupos armados transnacionales como el ELN, las disidencias de las FARC, el Tren de Aragua y el Clan del Golfo; organizaciones frente a las cuales su gobierno, hasta ahora, ha preservado una preocupante relación de tolerancia.
Está claro que grupos terroristas e irregulares se esconden en Venezuela con la complicidad del gobierno de ese país. Su gobierno lo sabe, y a lo largo de su mandato hemos mostrado más nuestra solidaridad e identificación con el expresidente y dictador Maduro que desaprobación a sus políticas. Nuestra Cancillería inclusive ofreció asilo como demostración de nuestro respaldo a su gobierno. Es hora de dejar definitivamente esas prácticas atrás.
Reconocer esta complejidad permitiría a Colombia adoptar una postura más pragmática y menos confrontacional con EE. UU. Colombia debe encontrar oportunidades dentro del nuevo liderazgo, pero no hay que ser ingenuos. La disposición de figuras como Delcy Rodríguez a cooperar ha sido cuestionada; su gestión en PDVSA ha sido fuertemente criticada por acciones fraudulentas, corrupción y lavado de activos que menoscabó el Tesoro americano. Esto ha desdibujado su papel como interlocutora confiable.
Al respecto, investigaciones citadas por expertos como Martín Rodil señalan que esta estructura habría extendido su influencia en varias decenas de países, utilizando software electoral para vulnerar la integridad de sus procesos democráticos. Esto ha demostrado con creces su deshonestidad e incompatibilidad con el significativo papel que ella tiene hoy en el gobierno de Venezuela.
Como usted lo ha constatado personalmente, la diplomacia con carácter no se construye confrontando, sino generando respeto a partir de certezas y resultados. Colombia merece una política exterior que refleje su responsabilidad histórica y su vocación de estabilidad regional. Hoy no queremos más de esas políticas que nos hacen daño y no tienen asidero en la realidad. Ubiquémonos en la intención del presidente Trump de visitar una Venezuela libre y democrática antes de que termine su periodo presidencial.
Cordialmente,
César Augusto Gaviria Trujillo
Expresidente de la República de Colombia
Director del Partido Liberal Colombiano
JUAN SEBASTIÁN LOMBO DELGADO
Redacción política