China, un referente cada vez más destacado en la dinámica del capitalismo actual. El capitalismo puede entenderse, en primer lugar, como un desarrollo cuyas articulaciones locales sólo pueden entenderse globalmente. La dinámica económica de un determinado lugar está inevitablemente ligada a sus conexiones externas. Así lo describe un extenso estudio publicado recientemente por el historiador Sven Beckert. Recoge así una larga tradición de análisis de este carácter definitorio del sistema capitalista.
Con este enfoque, Beckert señala que el capitalismo no expresa el funcionamiento de una serie de leyes que puedan analizarse de manera abstracta o incluso matemática. Más bien, el capitalismo es el resultado de una amplia gama de opciones políticas y conflictos sociales que la sociedad y el Estado estructuran de maneras muy diferentes.
Este sistema está profundamente arraigado en estructuras de mercado independientes. No existe un momento ni un lugar exactos para determinar el comienzo del capitalismo. Fue un proceso temporal y espacial de muy largo plazo desde el segundo milenio y que puede verse como la formación de la “Isla del Capitalismo”.
Los primeros capitalistas serían comerciantes a larga distancia en el mundo islámico, China, India, África Oriental y Europa Occidental. Los comerciantes chinos, señaló Marco Polo en 1270, contribuyeron significativamente al comercio a larga distancia con caravanas que transportaban seda, porcelana, té y otros productos a través de Asia, Medio Oriente, el Mediterráneo y el noroeste de Europa.
Este proceso se extendió a medida que aumentaron los excedentes productivos, provocando una especie de especialización de los propios comerciantes. El comercio aumentó con una creciente oferta de alimentos y artículos de lujo. Ciudades como Guangzhou (anteriormente conocida como Cantón), Fuzhou, Hangzhou y otras se han expandido significativamente. Se dice que esta última ciudad tenía una población de más de un millón en 1300.
Los productos “Made in China” tenían una gran demanda. Beckert señala que China fue en muchos sentidos un líder tecnológico con avances relevantes en la producción de papel, armas, pólvora, hierro y acero, tejidos de seda y porcelana. Tenía una flota de barcos de gran calado. Los chinos también introdujeron el papel moneda y las letras de cambio como medio para liquidar el creciente volumen de intercambios.
Esta gran capacidad de innovación y expansión económica es un viejo precedente de la notable transformación económica de China durante las últimas cuatro décadas. El país ha evolucionado hasta alcanzar una posición destacada en la economía mundial, con una continua expansión de las exportaciones, la creación de una infraestructura muy potente y un importante impulso de la innovación tecnológica.
Todo ello bajo el régimen político de un partido (el Partido Comunista de China), que ejerce el poder supremo del Estado. Una sociedad que ha sabido, a lo largo de su larga historia, recrear su fortaleza económica sobre bases sociales y políticas de muy diferente naturaleza. Hoy en día, se sustenta en una gran escala de producción manufacturera, tecnología avanzada y fuentes de energía.
Esta capacidad no se manifiesta en muchas otras sociedades, que mantienen diversas formas de dependencia económica y financiera, con capacidad limitada para establecer un proceso de crecimiento productivo y desarrollo general, con niveles mejores y sostenibles de bienestar, en un entorno político de democracia formal pero ineficaz.
Uno de los segmentos de mayor crecimiento en la industria china es el sector automotriz. Si alguien hubiera sugerido comprar un coche chino hace 15 años, lo habrían considerado un bromista.
En 2009, la producción de automóviles eléctricos en China comenzó a estimularse mediante amplias medidas de subsidio, lo que llevó a un dominio notable en este segmento de la industria.
En lo que va de esta década, la industria automotriz china, relacionada con la producción de baterías para vehículos, ha marcado los estándares de desempeño y la dinámica de precios.
Paralelamente, otros sectores tecnológicos, como las comunicaciones, la inteligencia artificial, la robótica y las áreas de servicios, se han ido desarrollando en lo que se llama: “la nueva calidad de las fuerzas productivas”. China (junto con India) es el país que produce el mayor número de ingenieros del mundo: 1,3 millones anualmente. Es cierto que hay muchos chinos, pero también hay muchos ingenieros.
23 de marzo de 2026