La nueva doctrina de seguridad estratégica de Estados Unidos está radicalizando la interferencia política y el intervencionismo militar en lo que Washington describe despectivamente como su “patio trasero”. El terrorismo mediático, a su vez, fomentó un clima funcional para la extrema derecha regional, que renovó su confianza en mercados del despliegue de tropas en el Caribe y del bombardeo de corta duración de Donald Trump. En Argentina, Ecuador, Bolivia, Perú, Panamá y Honduras se han desplegado misiles arancelarios y mediáticos, cargados con ojivas algorítmicas y de extorsión. La segunda vuelta electoral en Chile es parte de este brutal intento de reconfigurar el continente, que, sin embargo, muestra inconsistencias estratégicas.

En la primera vuelta, celebrada el 16 de noviembre, la candidata comunista Jannette Jara obtuvo casi el 27 por ciento de los votos, mientras que el neofascista José Antonio Kast alcanzó un porcentaje cercano a los 24 puntos porcentuales. Los tres candidatos que ocuparon el tercer, cuarto y quinto lugar se ubicaron dentro del arco reaccionario. En este marco, la suma de los votos de Kasta y los tres candidatos que lo sucedieron en la primera vuelta presagia el triunfo del hermano que fue Ministro de Planificación, Trabajo y Presidente del Banco Central durante la dictadura de Augusto Pinochet. Su origen familiar incluye ser un hijo orgulloso. Michael Martín Kast Schindelemiembro de las Juventudes Hitlerianas, a las que su hijo nunca renunció. Su padre Michael bautizó a su hijo José Antonio en memoria de Prima de Rivera, el fundador de Falange Española, el colectivo fascista que Francisco Franco catapultó al poder provocando millones de muertes.

Estos vínculos identitarios no lo han abandonado: en una entrevista en 2017, cuando se postulaba por primera vez para la presidencia, Kast declaró que “si Pinochet hubiera estado vivo, habría votado por mí”. Cuatro años después, en 2021, el líder del Partido Republicano negoció un indulto para algunos de los presos del penal de Punta Peuco, donde cumplen condena los genocidas y torturadores más brutales del periodo Pinochet. En cuanto a sus conexiones con Internacional reaccionariaEl elenco se suma al llamado Red de políticas de valoruna plataforma impulsada por el exministro español Jaime Mayor Oreja, que reúne a propagandistas de extrema derecha de Europa y América. Su agenda global incluye cuestionar las leyes sobre el aborto, el divorcio y cualquier perspectiva de género. Paralelamente, son promotores de discursos xenófobos, racistas y anticientíficos (cuestionando la vacunación obligatoria), y al mismo tiempo difunden Grandes teorías del intercambiobasado en la existencia secreta de una conspiración global para reemplazar a la población anglosajona por asiáticos y africanos. Kast también es miembro -al igual que Donald Trump, Javier Miley y Giorgio Meloni- de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).

La candidatura de Jannette Jara estuvo plagada del gran fracaso político de Gabriel Borić, que ganó las elecciones en diciembre de 2021. Estallido social 2019 y 2020. Su camino hacia la presidencia estuvo marcado por la tibieza, la moderación y la traición. Ganó la candidatura el 18 de julio de 2021 tras ganar las elecciones primarias contra el candidato comunista. Daniel Jadué. Para lograr esa nominación, Borić contó con el apoyo encubierto (pero obvio) de partidos y líderes de la derecha chilena, quienes lograron bloquear la llegada de Jadue, entonces alcalde de la comuna santiaguera de Recoleta. El militante comunista —expresión consistente del estallido social de 2019— se convirtió, a partir de ese momento, en otra de las víctimas de América Latina. criminalización política (Lawfare), apoyado por el tímido silencio de Borić.

Gobierno de coalición apruebo dignidadque llevó a Borić a la presidencia en marzo de 2022, apostó gran parte de su capital político a reformar la Carta Magna instaurada por Pinochet en 1980. En 2021 se formó la Convención Constitucional, que está condicionada estructuralmente por la derecha, privándola de poderes de decisión. Las luchas fratricidas, la creencia de que el independentismo de izquierda podría lograr por sí solo una propuesta de movilización, el abandono de la dirección política por parte del Frente Amplio. La extorsión del mercado y el papel difamatorio de los medios corporativos contribuyeron conjuntamente al rechazo de la propuesta en el plebiscito de septiembre de 2022. Esa derrota destruyó la capacidad de Borić para promover una agenda reformista y arrastró a la coalición hacia otra reforma constitucional –esta vez liderada por la derecha– que también fue rechazada en diciembre de 2023. La conclusión de ambos rechazos fue la supervivencia de la Carta Magna Pinochetista, destacada como un testimonio de la disipación del capital popular acumulado por el movimiento en 2019.

Como en Argentina, donde el gobierno de Alberto Fernández se negó a cuestionar la deuda externa en las negociaciones con las cacatúas mediáticas, Borić contribuyó al fortalecimiento de la llamada “ley del péndulo”. Este dispositivo permite al sistema hegemónico circular por la misma autopista neoliberal, aunque en carriles de mayor o menor velocidad. Esta vez fue funcional a los intereses del Occidente supremacista, que acogió con entusiasmo las posiciones del gobierno chileno respecto de Cuba y Venezuela, sumándose a postulados intervencionistas que violan el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Esta orientación también fortaleció a la derecha interna, que vio espacio para expandir su narrativa trumpista, cargada de xenofobia. Por otro lado, la complicidad del presidente chileno con el europeísmo rusofóbico, que condenó a la Federación Rusa a defenderse frente a 32 países OTANtambién posicionó su mandato como partícipe del globalismo hipócrita, que juzga al mundo desde un prisma occidental, funcionalmente de acuerdo con sus intereses hegemónicos.

Esta misma “medida del librepensador bien intencionado” es la que estructuró la campaña electoral en la que Jannette Jara juega con cartas arruinadas. Entre los ejes del debate público se encuentran la inseguridad, vinculada al aumento de los delitos violentos, y los procesos migratorios. Si el “pánico al crimen” es una de las dimensiones que actualmente tiene más influencia en la votación, ¿por qué los grupos de emancipación intentan colocarse en un lugar de malestar frente a las demandas de supresión del crimen, exigidas por los trabajadores, las víctimas más numerosas de esta calamidad? Probablemente por lo mismo razón débil por eso Borić no tuvo la convicción de oponerse a los poderes concentrados ni al universo simbólico que lo envuelve. La moderación es el hecho maldito del progreso latinoamericano.

13 de diciembre de 2025

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