Debido a estas ironías del destino, el tratamiento del movimiento laboral contrarreformista en el Congreso coincide con el nuevo aniversario de los Tiempos Modernos. La búsqueda de una mayor productividad laboral y mayores ganancias para el capital está en el centro tanto de la película como de la cuenta corriente.
La película, dirigida y protagonizada por el inolvidable Charles Chaplin, se estrenó en Estados Unidos en 1936. Fue prohibida en Alemania, España e Italia por considerarse comunista, algo que el propio Chaplin negó. Eran los tiempos de la Gran Depresión y el ascenso del nazismo, el fascismo y el franquismo.
Chaplin trazó con precisión las grandes líneas de su obra mayor, mientras recorría Europa promocionando “Ciudad de la Luz”, su última película hasta ese momento. En ese recorrido por el viejo mundo pudo ver las consecuencias sociales de la crisis. Sus historiadores dicen que pudo completar esa mirada hablando con Mahatma Gandhi sobre las tecnologías modernas a las que los hindúes se oponían. Chaplin no entendía esta oposición, pero comprendía que “la maquinaria sólo tenía en cuenta los beneficios (para los capitalistas, agrego), pero no que dejaba sin trabajo a mucha gente y arruinaba la vida (de los trabajadores)”.
Documento politico
La película es considerada uno de los grandes clásicos del cine mundial. Está considerado entre los mejores de la historia y conservado “por su importancia cultural, histórica y estética”. Representa una especie de bisagra entre el cine mudo que agonizaba y el cine sonoro que ya se imponía. Chaplin adoptó un estilo tranquilo, pero con alarmas audibles, voces emitidas por máquinas, la composición de la música de fondo es suya, y al final se escucha su propia voz. Así, la combinación de sonido y silencio es creación de su genio artístico.
Presentada en forma satírica, la obra contiene una fuerte crítica social, condenando la maquinaria, la producción en masa, el desempleo y la pobreza. Expresa su visión de la creciente industrialización, la ausencia de derechos laborales y el impacto físico y psicológico del trabajo alienado, repetitivo y deshumanizante, colocando al trabajador como un engranaje más en el proceso de producción. Por tanto, la película es un documento político de gran valor y no sólo para su época. No se perfila una solución colectiva a la crisis, sino una solución individual cuando el amor cura las heridas, y Carlitos y la niña, indefensos como él, van sin rumbo determinado.
A pesar del clima
Nueve décadas después de su publicación, el mundo del trabajo ha cambiado. Robótica, nuevas formas de gestionar la fuerza laboral, capitalismo de plataformas, hiperconectividad, algoritmos que controlan el rendimiento, informalidad, disponibilidad ilimitada… Sin embargo, las demandas de mayor productividad, control del tiempo de otras personas y maximización de los beneficios empresariales siguen presentes. La cuestión es que son centrales para toda la lógica de la acumulación y reproducción del capital.
El actual proyecto de modernización laboral que discutirá el Senado esta semana es un ejemplo tangible de la vigencia de la película de Chaplin. El proyecto propone aumentar la flexibilidad laboral en busca de una mayor productividad laboral; reducción de costos laborales (a través de salarios directos e indirectos, nuevo régimen de compensación y reducción de aportes de los empleadores que desfinancian a la ANSES); disponer del tiempo ajeno como desee (mediante el banco de horas y el reparto de vacaciones); limitar la acción colectiva de los trabajadores (condicionalización de la organización de los trabajadores, descentralización de la negociación colectiva, interrupción de las reuniones en el lugar de trabajo, restricción del derecho de huelga, rechazo de los sindicatos).
Discurso y realidad
El discurso oficial afirma que los distintos capítulos que componen la ley tienen como objetivo modernizar las relaciones laborales y reducir el grado de informalidad laboral existente. Ninguno de estos objetivos puede derivarse de análisis realizados por expertos en derecho laboral y economía. Los estudios muestran que el proyecto no crea empleo ni moderniza las relaciones laborales; por el contrario, es regresiva e intenta devolver las relaciones de trabajo y capital a la época anterior a la película, que ahora cumple 90 años. Lo que queda expuesto es la necesidad de maximizar la tasa de ganancia de los capitalistas y aumentar su dominio y control sobre la fuerza laboral, como forma de aliviar su crisis. Como esos años.
En este punto, la inteligencia artificial también está penetrando en las artes. Ya son varios los estudios de televisión y cine que han encargado guiones a AI. Como pregunta mi hija, un cinéfilo si lo hay y a quien consulté para esta nota. ¿Qué pasaría si encargamos a ChatGPT escribir un guión que, como Chaplin, intente reflejar la realidad actual del mundo del trabajo a través del arte?
Tiempos modernos, película del genial y simpático Carlitos, sigue siendo un referente para quienes luchan contra la explotación y la pobreza.
02.09.2026
Eduardo Lucita es miembro del colectivo EDI – Economistas de Izquierda.