
calles Soledad (Atlántico) donde el martes 20 de enero de 2026 se realizó una movilización cívica convocada “marcha por la paz urbana”una manifestación que reunió a comunidades de vecinos, líderes cívicos y sectores del transporte informal para expresar su apoyo al proceso de paz urbana liderado por el gobierno nacional a través de estructuras criminales que operan en Barranquilla y su área metropolitana.
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La movilización es la respuesta a una polarización regional sobre la estrategia de diálogo con jefes de organizaciones ilegalesen el que, aunque las autoridades locales han expresado su preocupación por las amenazas a la seguridad, algunos sectores cívicos han comenzado a expresarlas públicamente soporte de continuidad del proceso como un deseo de reducir la violencia que afecta desde hace años a distritos enteros de la comuna y del área metropolitana.
El último día del armisticio se convocó una “marcha urbana por la paz”. Foto:Redes sociales
Según informes conocidos, en la marcha participaron varias personas. Carreteras principales de Soledad. y terminaba en la rotonda de la calle 17, cerca del barrio Simón Bolívar, en el sureste de la comuna. Durante el recorrido, los manifestantes estuvieron acompañados, entre otros, conductores de automóviles y motocicletasquienes se sumaron a la caravana, brindando visibilidad en diversos sectores del casco urbano.
En la movilización participaron comunidades vecinas, mujeres, líderes sociales y vecinos de sectores históricamente afectados por la crisis. enfrentamiento de bandas criminalesque portaban pancartas con mensajes como “La soledad, el territorio de la paz”“La Bonga, Territorio de Paz” y “Sí a la Paz Urbana”. Varias mujeres vestían camisetas blancas con lemas alusivos al llamado apoyo cívico a los procesos de diálogo y poner fin a la violencia.
Fin de la tregua
La “Marcha por la Paz Urbana” fue convocada el último día de la tregua concertada entre las estructuras criminales “Los Pepes” y “Los Costeños”, encabezadas por Digno Palomino y Jorge Eliécer Díaz Collazostambién conocido como “Castor”. Esta convergencia momentánea hizo de la movilización una señal simbólica de apoyo a extender o mantener el cese de la violencia, que los manifestantes creían que ayudaba a reducir homicidios durante ciertos períodos de contrato.
Apodo “Castor” y Digno Palomino, el día de la firma del contrato en La Picota. Foto:Captura de pantalla
El proceso de paz urbana en el Atlántico es parte de política nacional de “paz total””, que tuvo como objetivo establecer un enfoque de reconocimiento y contactos con estructuras armadas organizadas de alto impacto en la delincuencia con el fin de reducir la violencia y proteger a la población civil.
En este contexto, el Gobierno planteó Traslado de varios dirigentes a cárceles de Barranquilla como parte de una estrategia para mantener el diálogo y evitar la reactivación del conflicto en los centros penitenciarios. Finalmente, luego de críticas y oposición de diversos sectores, Se han suspendido las transferencias.
Durante la movilización, los participantes acordaron esto tres demandas básicas los cuales fueron expuestos a través de lemas, pancartas y declaraciones informales:
Continuidad del proceso de paz urbana
Los manifestantes pidieron al gobierno nacional mantener el proceso de paz urbana y no eliminar los canales de diálogo abiertos a las estructuras criminales, reconociendo que han contribuido a reducir los enfrentamientos armados y los asesinatos en sectores sensibles del área metropolitana.
Soporte para transferencias de líderes
Uno de los puntos más sensibles fue el apoyo ciudadano al traslado de cabecillas a prisiones atlánticas, bajo estrictos regímenes de seguridad, como mecanismo para facilitar la mediación y evitar que se sigan emitiendo órdenes penales desde prisiones alejadas del territorio donde se desarrolla el conflicto. Esta posición contrastó con el rechazo expresado por los sectores políticos y administrativos de Barranquilla.
Resultados concretos en los distritos
Los participantes de la marcha también enfatizaron que la paz en las ciudades debería traducirse en menos extorsiones, homicidios y más paz en los distritos de Soledad y Barranquilla, especialmente en áreas que han sido escenario de disputas armadas entre pandillas por el control territorial durante años.
El equivalente a un debate.
Desde su anuncio, el pacto ha enfrentado críticas constantes. Autoridades y analistas locales advirtieron que el acuerdo no cubría a todas las facciones armadas que operan en la calle. no había garantía de que los líderes encarcelados mantuvieran un control real sobre las estructuras fragmentadas y que un énfasis únicamente en poner fin a las relaciones entre las dos pandillas podría reconfigurar la violencia en lugar de reducirla.
Soledad y su área metropolitana fueron una zona de violencia urbana. Foto:Archivo EL TIEMPO
Durante el período del pacto, los números mostraban esta ambigüedad. Aunque algunos sectores vieron una disminución en delitos como la extorsión, el asesinato no desapareció y los asesinos siguieron siendo el método dominante. En total, se produjeron más de 150 asesinatos en la ciudad durante el período de tregua, figura que debilitó el discurso de “desescalada” llevado a cabo en Bogotá.
Las críticas se intensificaron tras las dos masacres que marcaron este período:
- El 1 de octubre de 2025 tres jóvenes fueron asesinados en una barbería de Juan Mina.
- El 12 de noviembre, otro ataque múltiple en Villas de la Cordialidad dejó tres personas muertas y varios heridos.
Ambos hechos fueron atribuidos a disputas por el control de la economía ilícita entre estructuras criminales, dejando en claro que la tregua no contenía la violencia más mortífera y que El territorio siguió siendo escenario de guerras silenciosas.
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En este escenario, la “marcha urbana por la paz” en Soledad se convirtió en una extraordinaria expresión cívica en el debate sobre seguridad atlántica: parte de la población decidió manifestarse No para exigir mano dura, sino para pedir la continuidad del proceso de diálogo.
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