La Organización Europea de Fanáticos (ESF) ha llevado a cabo una demanda formal contra la FIFA ante la Comisión Europea, debido a los precios “exorbitantes” de las entradas para el Mundial de este año, que se llevará a cabo en Norteamérica, así como por sus procedimientos de compra que consideran “opacos e injustos”. Esto fue anunciado este martes por la propia organización.
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La FSE, junto con Euroconsumers, una reconocida organización que defiende los derechos e intereses de los consumidores, ha hecho un llamado a la acción, señalando que el poder monopolístico de la FIFA es evidente en la industria. Aseguran que la FIFA ha estado “abusando de su posición de monopolio”, lo que ha llevado a la necesidad de presentar una denuncia oficial ante el organismo europeo. Esta información fue confirmada en un comunicado oficial de la asociación de fanáticos.
Un portavoz de la Comisión Europea ha confirmado que han recibido la demanda y que la estudiarán conforme a los procedimientos establecidos, lo que indica la seriedad de la situación. Esta acción legal no es un hecho aislado; a mediados de diciembre, la FSE ya había instado a la FIFA a dialogar y encontrar “una solución que respete la tradición, la universalidad y el alcance cultural del Mundial”. Esta próxima edición se llevará a cabo entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá, para lo cual se espera una afluencia masiva de aficionados de todo el mundo.
Siete veces más caro que en Qatar 2022 –
La FSE ha indicado que los precios de las entradas para la final, que se jugará el 19 de julio en Nueva Jersey (Estados Unidos), son significativamente más altos que en la edición pasada celebrada en Qatar. Por ejemplo, las entradas más baratas para el partido final tienen un costo de 4.185 dólares, lo que los demandantes afirman que es “siete veces más” que el costo de la misma entrada en el Mundial de 2022, lo que revela un incremento alarmante en los precios.
En comparación, señala la FSE, las entradas más asequibles para la final de la Eurocopa 2024 están fijadas en 95 euros, que equivalente a unos 100 dólares, lo que plantea la pregunta sobre la justificación de la FIFA para estos precios desmesurados.
Ambas organizaciones han decidido atacar a la FIFA desde la perspectiva del derecho europeo de la competencia. “La FIFA tiene el monopolio de la venta de entradas para el Mundial de 2026 y ejerce ese poder para imponer condiciones a los aficionados que, de otro modo, no serían aceptables en un mercado competitivo”, afirman con firmeza.
Además, el FSE critica que los propios documentos de candidatura de la FIFA preveían un precio medio de entrada de 1.408 dólares, cifra que está muy por debajo de los costos actuales. Según la FIFA, ya se han puesto a disposición casi siete millones de entradas, permitiendo que cada aficionado compre un máximo de cuatro entradas por partido y un total de 40 para toda la duración del torneo.
Para el primer Mundial que contará con 48 equipos, se programará un total de 104 partidos, lo que ha generado que los precios se disparen, especialmente para los encuentros más esperados y de mayor demanda.
Precios dinámicos
La FSE ha expuesto que durante la candidatura norteamericana se prometió la posibilidad de adquirir entradas a partir de 21 dólares. No obstante, en la práctica, los tickets más asequibles que han salido a la venta están valorados en 60 dólares, como es el caso del partido inaugural del Grupo J, que enfrentará a Austria y Jordania en el Levi’s Stadium de California.
Para muchos otros partidos, especialmente aquellos que involucran a los equipos más competitivos, los precios de las entradas oscilan entre 200 dólares y más. Las entradas para la final están además alcanzando precios astronómicos en plataformas oficiales de reventa de la FIFA; por ejemplo, un asiento de categoría tres para la final se ha anunciado por un exorbitante 143.750 dólares, más de 41 veces su precio nominal original de 3.450 dólares.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha defendido la estrategia de precios de la organización, afirmando que estos son simplemente consecuencia de la alta demanda. “En Estados Unidos, existe lo que se llama ‘precios dinámicos’, lo que significa que los precios suben o bajan dependiendo del interés de los aficionados”, justificó.
Falta de transparencia
Desde la perspectiva de la FSE, el problema con el concepto de “precios dinámicos” radica en la falta de límites sobre cuánto podrían aumentar los precios de las entradas, además de criticar la ausencia de “transparencia sobre cómo se fijan los precios.” En el comunicado, piden a la Comisión Europea que exija a la FIFA que elimine sus “precios dinámicos” y que congele “los precios” a los niveles que fueron anunciados en diciembre, así como que se publique el número de entradas restantes de cada categoría con al menos 48 horas de antelación.
FSE y Euroconsumers también sostienen que las normas de venta de entradas son “opacas”, ya que “los asientos, los planos del estadio e incluso los equipos que jugarán no están garantizados en el momento de la compra”, lo cual resulta problemático para los aficionados.
Al ser contactada por la AFP, la FIFA indicó que está haciendo todo lo posible para “garantizar un acceso equitativo a nuestro deporte para todos los aficionados actuales y futuros”. La meta, según la organización, es reinvertir las ganancias de la Copa del Mundo “para estimular el crecimiento del fútbol” en las 211 federaciones miembros, tanto para hombres como para mujeres y jóvenes.
Por último, cabe destacar que el mercado de reventa está prácticamente desregulado en Estados Unidos y Canadá, mientras que en México está prohibido revender un boleto por encima de su valor nominal, esto aplicando únicamente cuando la compra se realiza en moneda local.
eldeportivo.com.co/AFP