

EL TIEMPO ha sido el guardián de la democracia colombiana y así se refleja en las páginas de 115 años de historia. Es consigna desde la época de Eduardo Santos, segundo director de este diario, quien en un editorial dejó claro cuál sería el destino de este medio.
“Y si llega el momento, que ya nos ha llegado varias veces, de arriesgar la cabeza contra las dictaduras, que EL TIEMPO lo detenga sin dudarlo. Todo antes de ceder y humillarse y traicionar su pasado y su presente”, dijo el expresidente liberal.
Nueva portada constitucional
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“Que EL TIEMPO sepa exactamente lo que quiere ser, lo que debe ser, lo que necesita ser, y no le dé importancia a lo que son los demás. Que piense primero en sí mismo y en sus cualidades”, añadió.
En medio de una crisis institucional, en su mayoría desatada por la violencia, como el asesinato del general Rafael Uribe Uribe a pocas cuadras de la capital, así como el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, en el corazón de Bogotá, este diario no dejó de informar con el compromiso de promover la defensa de las instituciones y el valor de Colombia, a pesar del valor del territorio colombiano.
El voto femenino, que fortaleció la democracia y fue calificado por este diario como una “celebración cívica” cuando las mujeres salieron a votar por primera vez, fue otro de los grandes cambios democráticos que ha experimentado el país en los últimos 115 años de su historia.
“Más de 300 señoras que asisten a los andenes cantan el Himno Nacional”, se lee en la portada del 26 de agosto de 1954, tras la histórica sesión que aprobó el sufragio femenino. Hubo 60 votos contra 0 y la oposición “escapó de la sesión”.
Las mujeres votaron por primera vez en 1957, cuando se lanzó la Inauguración Nacional, acuerdo que puso fin a la dictadura de Rojas Pinilla, donde EL TIEMPO, a pesar de la censura -tuvo que circular bajo el nombre de Intermedio- siguió comprometido con la democracia.
Pero sin duda uno de los hitos más significativos registrados en este trabajo fue la Constitución de 1991, que puso fin a la Constitución de 1886, que durante más de 100 años guió el destino de nuestra nación, pero que a finales del siglo XX ya estaba obsoleta.
Palacio de justicia.
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Esa constitución llevó a Colombia a los tiempos modernos y es la base del estado en el que vivimos hoy. En 1991, cuando el Congreso fue revocado por la protesta pública -fue una votación secundaria en las elecciones de 1990 sin sustento legal pero con el apoyo de ciudadanos claves en el proceso- se comenzó a construir una nueva constitución, liderada por Álvaro Gómez Hurtado (conservador), Horacio Serpa (liberal) y Antonio Navarro Wolff (Alianza Democrática), quienes eran los presidentes de la Asamblea Nacional del M-19. En este proceso también jugó un papel clave el expresidente César Gaviria Trujillo, quien en ese momento se encontraba en la Casa de Nariño y cumplió su papel en esta etapa de la historia de la nación.
31 de julio de 1991 Luego de cinco meses de debate, la Asamblea Constituyente (ANC) aprobó la nueva Constitución de la República de Colombia.
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Colombia fue la segunda después de la constitución de 1991. El país fue declarado un Estado social de derecho, tal como lo estipula el artículo 1 de la Carta Magna. Y para garantizar que no sean vulnerados nació la tutela, un sistema mediante el cual todos los colombianos pueden exigir el respeto a sus derechos.
Los derechos sociales y la devolución también fueron fundamentales para esta transformación provocada por la nueva Carta Magna. También nacieron instituciones clave para la democracia y la separación de poderes. Además, se creó la Corte Constitucional para velar por el cumplimiento del Acuerdo Político, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, entre otros.
Hoy, 115 años después, este diario sigue comprometido con la defensa de mi democracia en los desafíos que enfrenta en el proceso electoral que vivirá el país en los próximos meses, que tiene la mancha del regreso de los asesinatos con el asesinato del precandidato y senador Miguel Uribe Turbay.
Es, ha sido y será nuestro propósito: “Éramos enemigos de toda violencia y de toda coacción, pero también luchadores fuertes porque queríamos que la democracia viviera como se debe vivir (…). Cuando, en perjuicio de todos, llegaron los trágicos días de violencia y persecución, EL TIEMPO y yo seguimos una línea clara, clara de comportamiento en la lucha por la libertad y la defensa categórica contra la libertad de nuestros socios. de violencia, ni EL TIEMPO”, escribió Santos en otro editorial.
MATEO GARCÍA
Editor adjunto de políticas