
Antioquia vive uno de los momentos más críticos desde el punto de vista de las políticas públicas.
Información oficial muestra que en 2025 fueron asesinados 44 uniformados en el departamento, la mayor cantidad en 12 años. A esto se suma el fortalecimiento de los grupos armados ilegales que, según el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, constituyen el 70% de las disidencias de las FARC y el 60% del “clan del Golfo”.
Los datos recopilados en 2025 no solo confirman la intensificación de las hostilidades, sino que también dibujan un mapa de guerra en el que el control territorial se disputa ferozmente, dejando a los civiles atrapados en medio de un fuego cruzado cada vez más complejo.
Gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón Foto:Jaiver Nieto Álvarez
Según informes de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) y análisis de Corpades, El departamento enfrenta una metamorfosis de la violencia, que puede intensificarse en 2025-2026.
2025: el año de los shocks horizontales
En 2025, la dinámica de la guerra en Antioquia ha mostrado un patrón claro: la mayor parte del derramamiento de sangre ocurre en enfrentamientos entre estructuras criminales ilegales, más que en enfrentamientos directos con las fuerzas públicas.
Según los datos de Pares, en total se registraron 46 enfrentamientos armados importantes. Lo preocupante de este número es su distribución: 34 de estas luchas tuvieron lugar entre grupos armados ilegales (disputas por hegemonía territorial), y 12 fueron acciones contra instituciones estatales..
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Estas estadísticas muestran que Antioquia es escenario de “guerra entre ejércitos irregulares”. El “Clan del Golfo” (o Ejército Gaitian colombiano, por ejemplo), los disidentes de las FARC y el ELN luchan por corredores estratégicos para el narcotráfico y la minería ilegal.
Los epicentros de esta explosión fueron el Bajo Cauca en el noreste y el Magdalena Medio en Antioquia, donde la población tuvo que aprender a vivir bajo el estruendo de las armas.
Mapa del conflicto armado en Antioquia Foto:Colegas
Diagnóstico de Corpades: Hacia la incertidumbre en 2026
Si bien las perspectivas para 2025 son desalentadoras, las previsiones de Corpades para 2026 apuntan a un escenario aún más complicado si no intervienen causas estructurales. El diagnóstico territorial alerta sobre cinco amenazas críticas que definirán la seguridad en la región:
1. La guerra por los corredores estratégicos
El mayor riesgo está en el Bajo Cauca y el Magdalena Medio. La competencia por controlar la minería ilegal y los corredores fluviales no cederá.
Los recientes combates en zonas rurales de Tarazá y Cáceres son sólo el comienzo de lo que está por venir podría significar una escalada masiva de asesinatos y desplazamientos forzados. El control de estos puntos no es sólo militar, sino también económico: quien controla el río y la mina controla la caja fuerte del conflicto.
Mapa del conflicto armado en Antioquia Foto:Colegas
2. Mutación de la violencia: El silencio como arma
Corpades advierte sobre un fenómeno peligroso: el creciente control social y el subregistro. Cuando un actor logra consolidar su dominio absoluto, las balas dejan de dispararse, pero la violencia no desaparece; se transforma.
“Menos balas, más silencio”, se lee en el informe. Esto genera una falsa sensación de seguridad en las estadísticas oficiales, cuando en realidad líderes comunitarios, mujeres organizadas y defensoras del medio ambiente experimentan una coerción asfixiante que les impide denunciar.
3. Situación en el Valle de Aburrá
La violencia no se limita a las montañas. Hasta 2026, el riesgo en el área metropolitana de Medellín seguirá siendo de moderado a alto. Las brechas internas entre combos o las tensiones resultantes del microcomercio pueden desencadenar picos de violencia. Las masacres registradas recientemente por Indepaza son un recordatorio de que la paz urbana es frágil y depende de pactos criminales que pueden romperse en cualquier momento.
4. Crisis humanitaria y cierres
Mapa del conflicto armado en Antioquia Foto:Colegas
La Defensoría del Pueblo está a la vista de municipios como Briceño, Nechí y diversas zonas del Noreste. Alertas tempranas para 2024 y 2025 Esperan que nuevos enfrentamientos armados conduzcan inevitablemente a una extensión del aislamiento.
La táctica de restringir la movilidad comunitaria se convirtió en un arma de guerra destinada a impedir que el bando contrario recibiera suministros o información, convirtiendo las ciudades en prisiones al aire libre.
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5. Digitalización del delito
Finalmente, el conflicto en Antioquia evoluciona hacia el ciberespacio y los delitos económicos. El fraude y los delitos informáticos están aumentando en municipios donde antes no existían.
La debilidad institucional del capital indirecto ha permitido a las estructuras criminales diversificar sus ingresos, lo que, como resultado de la extorsión y el fraude digital, afecta no solo a las grandes empresas, sino también a los ciudadanos comunes.
Un llamado a la acción institucional
Mapa del conflicto armado en Antioquia Foto:IPC
Las perspectivas descritas para Antioquia para 2025 y las tendencias para 2026 requieren una respuesta que vaya más allá del simple despliegue de tropas.
Mientras los grupos armados sigan viendo el territorio de Antioquia como una mina de oro -literal y figurativamente- los enfrentamientos continuarán.
El desafío para el Estado colombiano es desmantelar la economía ilícita y romper el control social que estos grupos tienen sobre la población civill, antes de que el “silenciamiento” termine por sepultar la democracia en las regiones más remotas del departamento.
Gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón Foto:Jaiver Nieto Álvarez
Al respecto, el gobernador Rendón criticó la falta de apoyo del gobierno nacional e incluso acciones militares como bombardeos.
“Llevamos dos años en esta posición y nunca hemos registrado un ataque con bombas por parte de las fuerzas armadas ni contra disidentes de las FARC ni del ELN. al contrario, más de 60 uniformados fueron asesinados durante ese tiempo”, afirmó el jefe del departamento.
Y añadió: “Hemos sido testigos de varios bombardeos contra el ‘clan del Golfo’ y nos gustaría que la misma operación no sólo se mantuviera sino que también se utilizara contra los disidentes de las FARC y el ELN. Esta es una medida muy disuasoria a la que el Estado colombiano no puede renunciar”.