



El mar entró sin pedir permiso y no dejó nada atrás. Cabo Tortuga, una de las playas más frecuentadas del sur de Santa Marta, ha desaparecido.
Donde antes había arena, tiendas de campaña y turistas, hoy Sólo hay agua que golpea estructuras improvisadas y comerciantes que esperan en vano a quienes ya no llegan.
El impacto no es sólo en el medio ambiente. Como mínimo, es una cuestión económica, social y profundamente humana. En pocas semanas, 50 familias que se ganaban la vida con el turismo quedaron en la indigencia.
La situación empeoró tras un fuerte frente frío en febrero.
Desde entonces La erosión costera se aceleró hasta destruir por completo la franja de playa. Y este largo fin de semana festivo, que debería haber sido una oportunidad para la recuperación, confirmó el peor de los casos: el turismo se ha desperdiciado.
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Es muy nostálgico ver desaparecer esta playa que era tan acogedora. No queda nada. Es hora de encontrar otro lugar para pasar el día.
julia medinaEl invitado de Bucaramanga
Un destino que ya no existe
Erosión costera en Santa Marta Foto:Roger Urieles
Los turistas vienen, pero no se quedan.
Vienen en grupo, con niños en brazos, pelotas y, sobre todo, expectativas. Caminan unos metros, miran el panorama y se van. No hay lugar para colgar una toalla. No hay playa.
“Es muy nostálgico ver que esta playa tan hospitalaria se ha ido. No queda nada. Tenemos que buscar otro lugar para pasar el día”, dice Julio Medina, un huésped de Bucaramanga que estuvo aquí hace tres años.
La frustración es común. Muchos viajeros que han reservado alojamiento en la zona a través de plataformas digitales se han topado con una realidad que no se corresponde con las imágenes promocionales que siguen circulando en Internet y redes sociales.
El resultado es un golpe directo a la reputación turística del destino.
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El drama de quienes viven del mar
Erosión costera en Santa Marta Foto:Roger Urieles
Pero aquellos que dependen de esta playa para sobrevivir pasan lo peor.
Carpinteros, vendedores de comida, prestadores de servicios turísticos… todos quedaron paralizados.
“Estoy muy desesperada. Se han hecho obligaciones de pago. Tenemos necesidades en casa. Y la verdad es que no hacemos nada todos los días. En cuanto la gente viene, se va”, dice Ornidea Flórez, viendo salir a un grupo de turistas sin siquiera preguntar precio.
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Su testimonio se repite en toda la zona. Hay ansiedad, incertidumbre y una sensación de abandono.
“Por mucho que insistamos en que los cuidemos bien, que los pongamos en algún lugar pequeño, no están de acuerdo. Se van. Nos duele el alma”, añade.
A pocos metros, Don Tomás, un carpintero con más de 30 años de experiencia, afronta el golpe más duro de su vida profesional.
Antes tenía 20 tiendas de campaña. Hoy apenas soporta a varios, rodeados de agua, inútiles.
“No sé qué haré. He vivido de esto toda mi vida”, dice resignado.
Erosión anunciada
Erosión costera en Santa Marta Foto:Roger Urieles
Aunque este fenómeno ha aumentado recientemente, no es nuevo.
La erosión costera en el sur de Santa Marta se produce desde hace años. Sectores como El Rodadero y Pozos Colorados muestran claros signos de deterioro, incluyendo pérdida de arena y daños a la infraestructura turística.
Cabo Tortuga fue el punto de inflexión, pero no el único.
Los expertos advierten que factores como el cambio climático, el aumento del nivel del mar y la intervención humana no planificada han acelerado la destrucción costera.
Sin embargo, también existen obligaciones institucionales.
En la administración anterior se declaró desastre natural y se iniciaron obras de mitigación, como la construcción de espigones. Sin embargo, el proyecto fue detenido por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) por falta de permisos.
Resultado: Recursos invertidos sin ejecución total y una solución que nunca llegó.
Desde entonces, el mar ha seguido avanzando sin freno.
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Una crisis que va más allá de lo local
Erosión costera en Santa Marta Foto:Roger Urieles
Lo ocurrido en Cabo Tortuga no es un incidente aislado. Esta es una advertencia nacional.
Colombia enfrenta múltiples fuentes de erosión costera, particularmente en el Caribe. Sin una política integral y sostenible, otros destinos turísticos pueden correr la misma suerte.
La desaparición de esta playa pone de relieve la fragilidad de los territorios costeros ante el cambio climático y la falta de planificación.
Pero también muestra los costos humanos de la pasividad.
Hoy Santa Marta no sólo ha perdido su atractivo turístico. Perdió su espacio de trabajo, su motor económico y parte de su identidad.
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Miremos nuestro documento:
Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
Roger Urieles
Especialmente para EL TIEMPO
Santa Marta.
@rogeruv