

A las cinco de la mañana, Adolfo Maury Cabrera “ya está preparando toda la edición de la jornada”. Lo dice con el instinto de quien lo ha aprendido. En carnaval las sorpresas casi nunca son poéticas: Suelen ser taxis que no tienen mala pinta, cambios tardíos, conexiones de última hora o un cambio de programa que amenaza con descarrilar el plan.
Maury celebró su nombramiento el mismo año en que Grande Congo celebra 150 años de historia.
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Este es el Adolfo que no aparece en el cartel: el que madruga para que nada se salga del guión. El que prefiere llegar temprano “por si acaso”. El que se enoja, como todos, cuando un conductor cambia el juego y lo anula. Y uno que rápidamente deja de lado la insatisfacción. porque sabe que el Carnaval no espera, sino que sigue adelante.
El rey Momo y su responsabilidad por su nombre.
Adolfo se presenta como gestor cultural, artista carnavalero y director del baile Congo Grande en Barranquilla desde hace 20 años. Pero cuando dice “yo dirijo” Lo dice con el peso de una palabra familiar que se remonta a mucho tiempo atrás. como una cuerda vieja: bisabuelos, abuelos, padres.
En su casa, el carnaval es una forma de vida. El nombre de su madre es Gloria Cabrera. Su padre, Adolfo Maury. Y cuando habla de su familia actual –tres hijos, dos niñas y un niño; tres nietos, dos niñas y un niño –lo hace con esta frase “Esto es orgullo que mueve”. Como si la motivación no fuera la corona, sino lo que la corona se compromete a mantener.
Por eso cuando lo llaman Rey Momo yNo aparece solo en su historia. Aparece el “sello familiar”.: Su esposa es celosa de su presentación, produce muchas de sus piezas, cuida todos los detalles y es su mano derecha. Aparecen hijas, yernos, equipamiento doméstico que se convierte en equipamiento cultural. Porque en su versión del carnaval, el personaje público tiene un arraigo privado que lo grita Sin casa no hay escenario.
El sueño se repitió cinco veces: la aplicación también es resistencia
Adolfo no llegó al Rey Momo por casualidad. Llegó bajo presión. Corrió cinco veces. Próximo. Años de tocar la misma puerta y volver a tocar. En uno de esos regresos, el año en que se fue Gabriel Marriaga Estaba en España y las oportunidades iban en aumento.
El actual gobernante es un gestor cultural, músico y director de danza con 150 años de trayectoria carnavalera.
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“El tiempo de Dios es perfecto”, repite varias veces. En su relato, la fe no aparece como adorno, sino como una forma de sobrevivir a la espera. Hablar de oración, señales, el sentimiento íntimo de que “este era el momento”. Y cuando finalmente lo llaman para darle la noticia, describe no una ceremonia elegante sino una transformación física: su cuerpo tiembla, su respiración se entrecorta, temblando antes de partir hacia la Casa del Carnaval.
Y aquí viene una escena que lo muestra en todo su esplendor: camina, ve una multitud en la puerta, Entras y sientes que te has topado con una situación de “vacas locas”. Lo jalan hacia un lado, lo felicitan y lo empujan hacia el centro del evento. Adolfo, que ha dirigido grupos y actuado en escenarios, se pregunta “¿y ahora qué?” Como si en ese momento entendiera que al rey Momo no le interesaba llegar, sino dejar huella cuando se fuera.
En su crónica personal hay un reconocimiento que vale su peso en oro: Adolfo no se atribuye todo. Dice que estas cosas no se logran “sólo por mérito”, sino por una energía colectiva que te empuja y no lo ves. Está el apoyo emocional de la gente, la vibración del público que te acompaña desde hace años.
Por eso, explica que en el escenario se ve hablando agitado, dando gracias y respondiendo a un mar de manos. Entre esta multitud reconoce los mismos rostros que lo apoyaron cuando no era el rey de Momo.cuando era el creador permanente del carnaval y su nombre aún no aparecía en las portadas de los periódicos.
Fuera del carnaval, Adolfo Maury Cabrera también es un trabajador rutinario: Técnico de mantenimiento por 35 años en Barranquilla.. Pero por mucho que se distancia, no permite que el arte forme parte de él: también es músico tocando tambores y cantando, sumado al negocio familiar con elementos referentes al Congo y al carnaval, que Incluso vende en el extranjero.
Gran Congo: 150 años, un legado que nunca descansa
Si hay una columna vertebral de esta historia, es el Gran Congo. Adolfo habla de un patrimonio que el pasado 22 de diciembre cumplió 150 años, y lo dice con la seriedad de quien no cuenta números, sino genealogía. “Es más antiguo que el carnaval”lo liberan para interrogarlo; Él responde en broma al cumplido: “Congo Grande es el padre del carnaval.”
Se postuló para el cargo cinco veces seguidas antes de convertirse en gobernante del partido más grande del Caribe.
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En su casa, esta herencia también queda plasmada en un niño de tres años: Isaac David, su descendiente directo, su nieto está “en todos ellos”bailar, subir al escenario, actuar en Bando, en coronaciones, robarse el protagonismo sin pedir permiso. Adolfo lo dice con orgullo, Tiene futuros ensayos en el salón.
Además, hay escenas más pequeñas que lo ambientan todo: va a comprar telas al centro, entra a una tienda y escucha una frase de moda: “Oye, eres el Rey Momo, ¿verdad?”. Que lo sigan en las redes. Que pidan fotos. Deja que la muchacha que sirve venga a ti. Haga que la persona en la tienda lo reconozca. Esto le da mucha felicidad.
En la misma línea, el orgullo de barrio. Dice que si su familia está orgullosa, hay alguien aún más orgulloso: sus vecinos. Lo llaman, lo ayudan, Lo aplaudieron al día siguiente de Bando porque sintieron que el logro era de todos.. Y en este gesto de vecindad se revela el significado profundo de este Rey Momo, aquel que no se siente el rey del palacio, sino el rey del rincón.
Adolfo finaliza con una señal clara: disfrutar, sí, pero en sana convivencia. Reconoce los momentos difíciles, piensa antes de partir, Recuerda que tu familia te espera en casa. Y finaliza con una frase de la que actualmente no se habla en Barranquilla, teniendo eso en cuenta. “Quien lo vive, lo disfruta”.