
La llamada telefónica celebrada el domingo, tras los resultados, entre los Presidente Gabriel Boric y eso eligió al presidente, José Antonio Kastnotemos las diferencias obvias. El primero, de pie, sin corbata, elocuente, pronunciando un discurso institucional, ocultando su decepción. El otro, con la corbata y el escudo al fondo, se mostró más bien parco y parco en palabras, sin disimular la distancia.
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Una imagen completa de este proceso.
Y el triunfo de José Antonio Kast empezó a gestarse, no gracias a un talento que aún se niega a desplegar, ni a las ideas que decidió dejar entre paréntesis, pero gracias a los excesos retóricos y los diagnósticos erróneos realizados por el presidente Gabriel Boric, quien desperdició la primera mitad de su mandato contando las ansias asesinas que le despertó el neoliberalismo, mientras la sensación de inseguridad se extendía, la economía se desaceleraba y los sectores populares se sentían marginados por la política exterior turquesa, los territorios, el Wallmapu, el multiculturalismo y las minorías de todo tipo.
Gabriel Boric, vota el domingo. Foto:EFE
De esta manera, el gobierno del presidente Gabriel Boric creó una distancia gigantesca entre las expectativas de la mayoría y el trabajo del gobierno. El abandono del universalismo, que siempre fue el aspecto central de la centroizquierda (algo en lo que coincide con el mejor liberalismo), fue un grave error y resulta difícil entender cómo los cuadros mejor formados del sector político pudieron aceptarlo. Es cierto que en la segunda parte de su reinado se esforzó en corregir todo esto. (y Jara demostró que los sectores populares así lo esperaban); pero, como acaba de quedar claro, ya era demasiado tarde.
Y, francamente, la derrota que acaba de sufrir es plenamente merecida.
José Antonio Kast, por su parte, ahorró palabras (es decir, las redujo al mínimo) y aparcó sus ideas en un lugar del que, según ha dicho, no saldrán en los próximos cuatro años. El suyo, ha insistido, es un Gobierno de crisis.
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Y dado que los ciudadanos han confiado en él y en lo que ha dicho, las fuerzas que lo siguen no deben olvidar que la notable victoria que han obtenido no es una adhesión ideológica a la derecha, sino el resultado del fracaso ideológico del finalista. Es de esperar que los temas que la extrema derecha se verá tentada a agitar –a librar la batalla cultural que tanto entusiasma a algunos de sus partidarios más conservadores– sigan siendo parte de la cultura de fondo y de la esfera pública; Pero sería un gran error que el presidente electo los incluyera en su agenda política. Si lo hiciera, es posible predecir, después de cuatro años le pasaría lo que le está sucediendo ahora al presidente Gabriel Boric: se encontraría con que en lugar de apego habría cultivado la distancia.
Y, por supuesto, debe evitar la tentación de sustituir la falta de fervor ideológico de este triunfo por lo que podría llamarse la epopeya del control o la seguridad, que, exacerbada, podría crear un clima propicio a las formas de nuevo autoritarismo resultantes de la migración descontrolada y la inseguridad.
José Antonio Kast, nuevo presidente de Chile. Foto:EFE
En definitiva, es de esperar que las innovaciones fallidas impulsadas por el presidente Boric, o la tentación de controlar o la creencia de que las ideas de la derecha han triunfado, sean simples disfraces, distracciones de una sociedad que, en lo inmediato, sigue teniendo a la vez un impulso modernizador y una profunda vocación institucional.
Y después de presenciar la conversación entre el presidente Boric y el presidente electo Kast—a pesar de su mutua antipatía, cada uno practicando el ascetismo de las formas— Hay razones para creer que efectivamente es así.
Las fuerzas que lo acompañan no deben olvidar que la notable victoria que han obtenido no es una adhesión ideológica a la derecha, sino el resultado del fracaso ideológico del finalista.
Carlos Peña
Abogado, columnista y rector de la Universidad Diego Portales
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