Las cifras alcanzadas por el Pacto Histórico en las recientes elecciones parlamentarias son favorables: expresan un crecimiento donde ya era fuerte, una expansión donde antes era débil y, además, ha demostrado que puede competir en territorios que ya no son ajenos a su proyecto. Este artículo considera tres lecturas para ampliar la discusión sobre los resultados del día de las elecciones.
Los resultados del 8 de marzo muestran que el Pacto Histórico ya no es un episodio esporádico y se consolida como el principal actor político de la izquierda en Colombia. Asimismo, se recupera del mal resultado de las elecciones regionales de 2023, donde no pudo confirmar su fortaleza frente a las máquinas electorales locales.
El comportamiento electoral sugiere que se está fortaleciendo en lugares que ya ganó en 2022, pero también ampliando su radio territorial, convirtiéndose en una potencia nacional con enclaves sólidos, corredores electorales en expansión y una capacidad real para desafiar el mapa. Sin embargo, el resultado no debería intoxicar de éxito a sus dirigentes, ni a sus bases y partidarios.
Romper el techo de cuatro millones de votos por primera vez, para cualquier fuerza política en ambas corporaciones, es significativo, y lograr 25 escaños en el Senado y 40 en la Cámara coloca al partido como un actor importante en el Congreso. Sin embargo, esto no significa que haya alcanzado la etapa de hegemonía o de superación de sus oponentes. Sería una lectura apresurada y arriesgada, ya que la derecha aún conserva una amplia infraestructura territorial, con varios departamentos bajo su gobierno, y el sistema político todavía está organizado por clanes, maquinarias y redes de poder regionales que no desaparecen por un buen resultado parlamentario.
1. El pacto va a
consolidación nacional
La votación del Pacto aumentó de 3.099.462 a 4.338.702 votos en la Cámara y de 2.880.254 a 4.411.561 en el Senado, equivalentes a aumentos del 40,0% y 53,2%, respectivamente. El salto es relevante por sí solo, pero más aún por su distribución. En el Senado, el Pacto creció en todas las unidades territoriales (32 departamentos, Bogotá y consulados); en la Cámara lo hizo en 29 de 34. Es decir: no se trata de una ampliación sustentada en dos o tres posiciones excepcionales, sino de una mejora de la cobertura nacional.
Esto permite rechazar la cómoda interpretación de que el progresismo simplemente “resistió” gracias a Bogotá y el Suroeste, porque en realidad “sólo” crecieron 62 mil votos en la capital.
El mayor incremento absoluto de votos para el Senado se registró en Valle, Antioquia, Atlántico, Cundinamarca y Bogotá. En la Cámara el patrón es similar, con fuertes incrementos en Valle, Antioquia, Córdoba, Cundinamarca y Atlántico. En otras palabras, el desarrollo del Pacto se produjo tanto en sus territorios más básicos como en grandes divisiones, en competencia o históricamente opuestas. Esto es exactamente lo que lo define como una fuerza en el proceso de nacionalización.
Y de hecho, la recuperación del desempeño en el Senado respecto a las Cámaras y los resultados de 2022 muestran la acogida del proyecto a nivel nacional por encima de las parcelas estrictamente locales. En otras palabras: la marca del Pacto logró irradiar más allá de la implementación territorial, demostrando ser un activo importante en la carrera presidencial, ya que el progresismo ya no depende sólo de las propuestas de ampliación individuales.
Pero, para no dejarse sorprender por el voto, el desempeño nacional no sustituye a la política local. Al contrario: el Pacto tiene una fuerte identidad nacional, pero no representa una frontera electoral, pero, en combinación con las locales, puede fortalecer eficazmente el resultado para luchar con éxito en las elecciones presidenciales a corto plazo y luego en las regionales a medio plazo.
2. El pacto tiene
comportamiento
doble territorial
La izquierda tiene un nicho electoral definido y su desempeño en estos departamentos fue decisivo para el resultado general. Si analizamos aquellos en los que Pact fue la fuerza más vocal, Bogotá, Kauka, Cundinamarka, Putumajo y Vale siguen siendo los principales anclas del proyecto. Una novedad en estas elecciones fue la aparición de una zona de expansión territorial, con la incorporación de Atlántico, Caquetá, Huila, Nariña, Risaralda y Vaupés.
En otras palabras, la izquierda ya no está confinada en un mar conservador y comienza a crecer como una red, donde se vislumbra un centro de alta densidad, un suroeste consolidado y varias aperturas hacia el Caribe, el eje cafetero y otras zonas de transición.
En este sentido, es importante resaltar que a la fecha son 18 unidades territoriales* que han elegido de manera continuada a partidos de derecha en sus diversas vertientes al Senado, al menos desde 2014. Sin embargo, en ellas el Pacto ha aumentado en 620.070 votos, principalmente en Antioquia, Bolívar, Córdoba, pero no solo en la región del Expantico, avanza como un actor político importante en todo el país.
Ahora bien, si el Pacto ha crecido en Antioquia y Atlántico, si ha ganado terreno en Risaralda y Nariño, si se ha vuelto competitivo en departamentos donde antes desempeñaba un papel subordinado a las fuerzas tradicionales, entonces la disputa de 2026 ya no puede considerarse sólo una reedición territorial del petrismo en las elecciones de 2026. Hay continuidad, sí, pero también hay una expansión en áreas que vinculan la opinión, el voto urbano, la disidencia y la erosión de las elites tradicionales.
3. Da un paso más hacia
nuevo horizonte
Así las cosas, la disputa continúa, pero el Pacto Histórico logró dar un paso adelante: lo que corresponde ahora es dar el siguiente. Para ello es necesario entender que crecer no es lo mismo que convertirse en mayoría.
El Pacto ha avanzado claramente en votos, en presencia territorial y en peso relativo en las elecciones, pero aún así se sitúa en el umbral de cerca de una quinta parte del voto nacional total: alrededor del 21,8% en la Cámara y el 21,5% en el Senado. Es una base fuerte, competitiva y en crecimiento, pero aún no equivalente a una mayoría social y electoral consolidada.
La histórica votación no puede interpretarse como si el país se hubiera decidido a su favor. En varios distritos la izquierda se volvió más competitiva, en otros avanzó y en algunos lideró la votación; Sin embargo, a nivel nacional todavía necesita ampliar su capacidad de agregación y organización más allá de su electorado más persuasivo. En palabras sencillas: “sólo Pacto en este mundo” no alcanza para ganar la primera vuelta.
Este desafío es particularmente importante, ya que el Pacto entra en la siguiente fase de la campaña con una combinación sin precedentes para la izquierda colombiana: tiene altos votos en territorios de alta densidad, preserva bastiones y, al mismo tiempo, abre nuevas áreas. Esta suma ofrece el potencial para un mayor crecimiento, pero también requiere una política más compleja. La expansión nos obliga a organizar una coalición más heterogénea: más urbana y más popular al mismo tiempo, más nacional y más territorial, más cimentada en la capacidad de conducir al país hacia un nuevo momento de cambio, pero también capaz de demostrar gobernabilidad, poder y representación.
Por lo tanto, el debate adecuado no es “qué tan bien ha funcionado o no el Pacto”, sino en qué etapa se está moviendo como fuerza política. Lo que sugiere el texto es que resultó ser una fuerza en transición hacia una escala mayor, pero aún sin terminar de organizar una mayoría nacional. Y esa diferencia es decisiva, porque la próxima fase requiere no sólo la celebración del crecimiento, sino también la comprensión de lo que falta para transformarlo en una mayoría más robusta, transversal y difícil de revertir.
*Las unidades territoriales son: Amazonas, Antioquia, Arauca, Bolívar, Casanare, Cesar, Chocó, Consulados, Córdoba, Guaviare, La Guajira, Magdalena, Meta, Norte de Santander, San Andrés, Sucre, Tolima, Vichada.
**Maestría en Políticas Públicas e Ingeniero Civil. Analista y asesor político.
