Según una investigación árabe de Al Jazeera ayer, hasta el 7 de octubre de 2023, aproximadamente 3.000 palestinos han sido “vaporizados” después de que Israel utilizara armas térmicas y termobáricas que crean temperaturas superiores a 3.500 grados. Es un arma cuyo uso está prohibido internacionalmente contra la población civil, y también se le llama “bombas de vacío o aerosoles”.

La información presentada a la investigación proviene de comparaciones realizadas por la Defensa Civil de Gaza, las historias de familiares supervivientes y la investigación sobre los lugares donde cayeron estos artefactos. Se sabe que todos estos cadáveres existen porque, a pesar de su completa desaparición, se pueden encontrar muestras de sangre en aceras o paredes que atestiguan su existencia.

Armas utilizadas en escuelas y “zonas seguras”

Como se explica en Al Jazeera“A diferencia de los explosivos convencionales, esta arma dispersa una nube de combustible que, cuando se enciende, crea una enorme bola de fuego y un efecto de vacío”. Una de sus fuentes explica que “para prolongar el tiempo de combustión, a la mezcla química se le añaden polvos de aluminio, magnesio y titanio. Esto eleva la temperatura de la explosión entre 2.500 y 3.000 grados centígrados”, lo que provoca que los tejidos se vaporicen e inmediatamente se conviertan en cenizas. Debido a esto, los cuerpos desaparecen por completo.

La investigación, que identifica los modelos utilizados -fabricados y vendidos en Estados Unidos- también aporta información sobre dónde se lanzó este tipo de bombas, ya que existen evidencias físicas, como casquillos de bala. Uno de ellos, por ejemplo, fue utilizado en el ataque a Al-Mawasi, zona declarada “zona segura” en septiembre de 2024. En concreto, mató y desapareció a 22 personas. El caso del segundo de estos artefactos fue encontrado en escuela. Desde el 7 de octubre, los campus escolares se han utilizado para alojar a los refugiados que huyen de los bombardeos. El modelo encontrado provoca “una onda de presión que rompe los pulmones y una onda térmica que quema los tejidos blandos”, se puede leer en la investigación del citado medio. Los militares suelen utilizar este tipo de arma para destruir cuevas o complejos de túneles subterráneos.

Violación incierta del derecho internacional humanitario

Esta nueva revelación se suma a una larga lista de violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos por parte de Israel en los territorios palestinos. Esta es una prueba más de sus métodos inhumanos que han causado la muerte de más de 72.000 personas en Gaza desde el comienzo de la campaña genocida. Una vez más, no sólo debemos señalar la brutalidad del Estado israelí, sino también la complicidad de la comunidad internacional; esta semana, por ejemplo, Australia dio la bienvenida Visita del presidente israelí Isaac Herzog– y todos aquellos actores que comercian armas con la entidad sionista.

El uso de este tipo de armas, que ya ha sido publicado previamente por organizaciones internacionales de derechos humanos, viola el derecho internacional humanitario, que prohíbe el uso de bombas de calor contra la población civil y constituye un crimen de guerra; uno más que añadir a la larga lista que Israel tiene detrás. Desde el 7 de octubre de 2023, Israel ha incumplido sistemáticamente los principios de protección de la población civil que deben aplicarse durante un conflicto armado, como los principios de distinción –civiles y militares– y el principio de proporcionalidad.

Ya en octubre de 2023, apenas tres días después del 7 de octubre, Encontrado por Amnistía Internacional indicios de que Israel utilizaría proyectiles de artillería con fósforo blanco en zonas civiles densamente pobladas de Gaza; armas proporcionadas también por Estados Unidos, país que se convirtió en un aliado necesario en esta masacre.

A medida que surgen más pruebas del genocidio de Israel en Gaza, miles de familias en el enclave continúan buscando a sus seres queridos: miles de cuerpos permanecen bajo los escombros; otros nunca más serán encontrados.

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