A los ocho años, cuando muchos niños apenas descubren el juego, Jaris Julio Díaz ya estaba aprendiendo a trabajar. Su historia comienza en la acera. Carmen de Bolívar, en el corazon Montes de María, una región marcada por décadas de violencia, abandono estatal y oportunidades limitadas.
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Allí, entre cultivos y caminos difícilessu abuela paterna plantó una de las enseñanzas que definió su vida: “Que no sea una pena trabajar, que sea una pena hacer algo malo”. Fue esta frase la que impulsó a Jaris a ir de casa en casa.Como aguacate, frijoles, miel. o lo que estuviera disponible.
Al principio, según recuerda, se sintió avergonzado. Pero pronto lo entendió. Este ejercicio le proporcionó no sólo un ingreso, sino también una habilidad clave.: la capacidad de vender, comunicar y creer en lo que ofreces. Sin saberlo, fue moldeando el carácter de la futura empresaria.
Raíces profundas: valor del campo y relación con el origen
Hoy, los sabores del campo se transforman en platos únicos en los restaurantes del centro histórico. Foto:Cortesía
Creció viendo a su padre cultivar. La agricultura no se trata sólo de trabajo: se trata de supervivencia. Sembrar, cosechar y Transportar productos en una región sin carreteras ni sistemas de riego fue un acto de resistencia cotidiana.
La proximidad del pueblo dejó una huella imborrable. Sabores de su infancia como El arroz con frijoles, el boniato, el ajonjolí y el cacao no eran platos sencillos: Eran memoria, identidad y cultura.
Su educación también estuvo influenciada por su abuela, quien se hizo cargo de su educación después de que sus padres se separaron. es ella Él le enseñó a cocinar en una estufa de leña, a lavarse y a ser disciplinada. A los nueve años, Jaris ya preparaba arroz utilizando tres piedras y leña, aprendiendo a base de prueba y error.
“Desde muy joven entendí que la vida no es fácil y que si quiero algo tengo que trabajar por ello”. Este ambiente estricto pero creativo formó una mentalidad clara: Salir adelante era una obligación, no una opción. Con esta convicción, Jaris tomó una decisión que cambiaría su vida: no te quedes en tu ciudad. Terminó la escuela y emigró primero a Barranquilla, luego a Cartagena y luego a Bogotá.
Fue en la capital donde se produjo otro avance: conoció a su esposo, el chef Jaime Galindo Cuervo. Gracias a él construyó no sólo una familia, sino también un proyecto de vida.
El mundo de la gastronomía se abrió ante ella. Mientras él perfeccionaba su técnica en la cocina nacional e internacional, ella empezó a entender cómo los productos de su país podían encontrar un lugar en la oferta culinaria de alto nivel. “Nací en Montes de María y crecí viendo a mi padre cultivar. Sé cuánto cuesta cada cosecha y lo difícil que es hacerlas despegar”, dice Jaris.
De vuelta con un objetivo: poner a Montes de María sobre la mesa
Empezando por la tradición: así convirtió su historia en una propuesta culinaria de éxito. Foto:Cortesía
Al regresar a Cartagena, la idea tomó forma: importar productos de los Montes de María para nuestro propio consumo. Pero pronto esta intención creció. Así nació Jaris Market, un emprendimiento destinado a conectar a los agricultores con hoteles, restaurantes y hogares de la ciudad. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa hoy impacta a más de 120 familias a través de asociaciones de agricultores.
No se trata sólo de vender comida, sino de ennoblecer el trabajo campesino, acortar la cadena y garantizar que cada producto tenga un origen claro. Los clientes de la hostelería empezaron a valorar esta propuesta no sólo por su calidad, sino también por su historia.
No se trata sólo de vender comida, sino de ennoblecer el trabajo campesino, acortar la cadena y garantizar que cada producto tenga un origen claro. Los clientes de la hostelería empezaron a valorar esta propuesta no sólo por su calidad, sino también por su historia.
Cada plato rinde homenaje a los agricultores de los Montes de María que cultivan con esfuerzo y tradición. Foto:Cortesía
Con esta base puesta, el siguiente paso era natural: crear nuestros propios restaurantes. primero, “Bistró informal local”, un bistró característico del Caribe, enfocado en sabores únicos que combinan técnicas modernas con ingredientes tradicionales. Cada plato cuenta una historia, cada ingrediente tiene su origen.
el segundo restaurante “Bistro Caribeño Sambal”, Con un enfoque más informal, abrió la puerta a un público más amplio, democratizando el acceso a esta propuesta gastronómica sin perder su identidad.
“Cada plato que servimos contiene al menos un ingrediente de Montes de Maríaporque no quiero perder esta conexión con mis orígenes. No fue fácil establecernos en Cartagena, pero con constancia y fe logramos lograrlo”, detalla sus restaurantes como una experiencia para los huéspedes.
Ambos están en Getsemaní, una de las zonas más dinámicas y competitivas de Cartagena. Llegar allí no fue fácil, pero Jaris lo logró a través de disciplina, estrategia y resiliencia.
Desafíos invisibles: mantenerse a flote en un entorno competitivo
De vender aguacates a restaurantes líderes: una historia de esfuerzo, fe y resiliencia Foto:Cortesía
Detrás del éxito hay una realidad menos visible: Altos costos, deudas, obras municipales que afectan el flujo de clientes. y la presión constante del mercado. Dirigir un restaurante implica pagar alquileres, servicios, salarios y proveedores. Vender o no vender, los costos siguen aumentando.
Para mantener el negocio a flote, Jaris y su marido tuvieron que recurrir a préstamos y ajustes constantes. Pero también encontraron un equilibrio clave en su relación: él está a cargo de la operación y de los números; ello, estrategia comercial y visibilidad.
Este trabajo en equipo fue decisivo.
“Hoy estamos en la siguiente etapa: mostrar lo mejor de nuestra tierra y que la gente lo aprecie en cada plato. Sí se puede avanzar, pero hay que ser resiliente, tener fe y rodearse de las personas adecuadas”, detalla Jaris Julio.
Aunque hoy su historia es una inspiración, Jaris no olvida el contexto del que viene. Montes de María fue un lugar de violencia y desplazamiento, y muchas de estas heridas aún están presentes hoy.
Por eso, Su proyecto no es sólo un negocio: es también una forma de transformación social. Cada plato servido en sus restaurantes representa una cadena de esfuerzo, resiliencia y esperanza campesina.
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