La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán y su impacto en los precios internacionales de los hidrocarburos por el cierre del Estrecho de Ormuz como respuesta de Teherán ha supuesto una inesperada fuente de ingresos para Rusia, que sin mover un dedo ha ido recaudando dinero adicional para financiar su “operación militar especial” en Ucrania.

Esta es una gran noticia para el Kremlin, pero al mismo tiempo no puede ignorar que la lluvia de dólares que de repente ha comenzado a caer sobre él a causa de su petróleo y gas tiene una vida útil, que es muy volátil y dependerá de cuánto dure el conflicto armado en el Golfo Pérsico. No en vano el presidente Vladimir Putin, durante una reunión con los directivos de las mayores compañías petroleras del país, insistió en que utilicen el repentino beneficio para reducir la importante deuda con los bancos estatales.

Las consecuencias de la guerra contra Irán, esta vez muy negativas para Rusia, fueron más duraderas. Rusia critica a Estados Unidos por decir que Irán es el único país del mundo que no puede enriquecer uranio con fines pacíficos, y al mismo tiempo, cuando el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, afirma que es inevitable que Irán, o cualquier país que no quiera ser atacado por otro, deba tener bombas atómicas, exige que Ucrania sea un estado desnuclearizado.

Este tipo de contradicciones, que subrayan que es dudoso tener razón sólo si conviene a los intereses de quien la dice, no son nada comparados con la pregunta que ahora se hacen muchos países sobre el propósito de firmar un acuerdo de asociación estratégica integral con el Kremlin, que incluye una cláusula de asistencia recíproca en caso de agresión contra cualquiera de las partes más fuertes, si ocurre sin el acuerdo más fuerte de Moscú, mencionando por nombre a su promotor, el trastornado ocupante de la Casa Blanca Donald Trump.

¿Recurrirá Rusia a su arsenal nuclear para defender a Cuba si es atacada militarmente por Estados Unidos cuando el Kremlin quiere que Trump, en aras de una “solución política” en Ucrania y otra medalla de “pacificador”, ejerza más presión sobre Kiev para que acepte sus demandas?

A juzgar por lo ocurrido en Siria, Armenia, Venezuela e Irán, la respuesta, lamentablemente, es clara.

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